<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568</id><updated>2011-08-06T07:29:06.332-07:00</updated><title type='text'>VAMPIROS C.A.</title><subtitle type='html'>COMO EL DEMONIO DE LA IMAGINACIÓN, VUELA DE NOCHE, PORQUE LA NOCHE ES SU REINO; Y, QUIÉN SABE, TAL VEZ PUEDA LLEGAR A ASUSTARNOS EN ALGUNA OCASIÓN, SI NOS PARAMOS A PENSAR EN ÉL, DESPUÉS DE UNA LECTURA, Y TRATAMOS DE IMAGINARLO... CUANDO YA SE HA APAGADO LA LUZ DE LA RAZÓN Y ESTAMOS A MERCER DEL SUEÑO... Y LA SOMBRA COBRA VIDA...</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>10</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568.post-5809809974590217248</id><published>2009-01-04T09:51:00.000-08:00</published><updated>2009-01-04T09:54:12.213-08:00</updated><title type='text'>LILITH, MADRE DE LOS VAMPIROS</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/SWD3l2xwIkI/AAAAAAAAATc/SkYr0q_cWFw/s1600-h/Lilith+1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287498192264372802" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 312px; CURSOR: hand; HEIGHT: 561px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/SWD3l2xwIkI/AAAAAAAAATc/SkYr0q_cWFw/s400/Lilith+1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8531287179866804568-5809809974590217248?l=vampirosca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/5809809974590217248/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8531287179866804568&amp;postID=5809809974590217248' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/5809809974590217248'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/5809809974590217248'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/2009/01/lilith-madre-de-los-vampiros.html' title='LILITH, MADRE DE LOS VAMPIROS'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/SWD3l2xwIkI/AAAAAAAAATc/SkYr0q_cWFw/s72-c/Lilith+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568.post-2286975938179873802</id><published>2009-01-04T09:46:00.000-08:00</published><updated>2009-01-04T09:50:43.963-08:00</updated><title type='text'>LA MADRE DE LOS VAMPIROS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;LILITH, LA PRIMERA COMPAÑERA DE ADAN&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Según consta en la literatura hebrea, Lilith fue la primera esposa de Adán. En sumerio, la palabra "Lil" significa "Aire." El término más viejo relativo a Lilith sería la palabra sumeria "Lili" (plural "Lilitu"), que parece inferir la misma definición que nuestra palabra "espíritu". En muchas culturas antiguas, la misma palabra para "aire" o "aliento" era usada para "espirítu."Lilith estaba hecha con arcilla, igual que él. Era hermosa y libre. Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de tí? - preguntaba - Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;LA SALIDA DEL PARAÍSO&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Lilith no obedeció la orden de sumisión que le impusieron; pensaba que era igual a su marido, que tenía los mismo derechos que él porque habían sido creados con el mismo barro, no se sentía inferior, ni débil, ni dependiente. Era una mujer íntegra y como tal quería gozar, al igual que Adán, de la vida y de todo lo que ésta implicaba, incluidos la sexualidad y el erotismo.Cansada de que Dios no atendiera sus reivindicaciones, decidió abandonar el Paraíso, antes que someterse y renunciar a sí misma. Invocó el Nombre de Dios, innombrable en toda la tradición judía, por considerar que el Nombre verdadero de cualquier ser contiene las características de lo nombrado, y por lo tanto es posible conocer su esencia y adquirir poder sobre ello. Pronunciar el nombre de Dios se convierte, pues, en una osadía suprema, un acto de soberbia mucho mayor que el de hacer directamente oídos sordos ante sus mandatos; algo, en fin, demasiado grave. Abandonó volando el Paraiso con unas alas que el mismo Dios la dió (de ahí su semejanza con los súcubos).&lt;br /&gt;Luego tomó residencia en una cueva en las costas de Mar Rojo, donde hasta éstos dias se encuentra segun la leyenda. Ella acepta a los demonios del mundo como amantes, y desova muchos miles de niños demonio, fue llamada Madre de los Demonios, —esposa de Asmodeus, el Rey de los Demonios.&lt;br /&gt;Adán, mientras tanto, lamentaba la partida de Lilith. Fué con Yahweh y expuso su caso pidiendo el retorno de Lilith. Yahweh concordó que una criatura del Edén no debería partir tan fácil del reino, y dispuso tres ángeles para recobrarla.Éstos tres, Senoy, Sansenoy, y Semangelof, pronto encontraron a Lilith en su cueva y le exigieron su retorno con Adán por órdenes de Yahweh. Si si reusaba, le infomaron, matarían a un ciento de sus hijos demonios cada día hasta que decidiera regresar.Lilith exclamó que incluso esta suerte era mejor que regresar al Edén y a la sumisión a Adán. Tan pronto como los Ángeles cumplieron su amenaza, Lilith también hizo una terrible proclamación. En respuesta por el dolor inflingido, matería a los hijos de Adán. Juró atacar a los niños, e incluso a sus madres, durante el nacimiento. Juró también que los recién nacidos estaban en peligro de ser objeto de su ira, las niñas por veinte dias y los niños por ocho. No solo esto, sino que también atacaría a los hombres en su sueño, robándoles su sémen para dar nacimiento a más niños demonio, que reemplazarían a esos asesinados cada día.&lt;br /&gt;Ante la negativa de Lilith de regresar con Adán, Dios decidió dar una nueva compañera a su creación pues proclamo que "No es bueno que el hombre esté solo", creó a Eva a partir de una de sus costillas, y por lo tanto sumisa al hombre (obsérvese el machismo de la época).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;LILITH COMO REINA DE LOS VAMPIROS&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;A partir de esta narración, a Lilith se le ha considerado la reina de los súcubos (demonios femeninos), por alinearse en el bando enemigo de Dios al marcharse del Paraíso. Y de ahí se ha pasado a suponerla una perversa ninfómana, que seduce a los hombres con maestría para estrangularlos después.&lt;br /&gt;Algunas tradiciones cuentan, que entre el cabello de Lilith se encuentran, enredados, los corazones de los jóvenes que sucumbieron a su hechizo.&lt;br /&gt;Esa condición diabólica de Lilith le ha llevado a ser también la Reina de los Vampiros. No sólo mantiene relaciones sexuales con hombres a los que después asesina, sino que también se alimenta de su sangre. Es en esa encarnación donde Lilith se asimila a diferentes divinidades y monstruos femeninos presentes en la mitología clásica: Lamia, Empusa y las lamias, hijas de Hécate, diosa de la brujería; las harpías y las estriges, también macabras visitantes nocturnas; las harpías, ayudantes de las erinias o furias; las moiras o parcas, las grayas y las gorgonas, siniestras ancianas habitantes de los infiernos. En todas estas figuras se repiten las alusiones a muerte de hombres y niños.&lt;br /&gt;En la Biblia aparece una fugaz alusión a Lilith. En Isaías 34,14 se explica con todo detalle cómo Dios con su espada mata a todos los habitantes de Edom, lugar poblado por enemigos acérrimos de los judíos, y que allí quedan como dueños y señores los animales. Buitres, serpientes... y Lilith. "También allí Lilith descansará y hallará para sí lugar de reposo". Lilith ha sido traducido por lechuza o ardilla, evitando toda referencia a la figura precedente de Eva. En nota al pie se hace constar: "Los hebreos creyeron que significaba un ser diabólico, en forma femenina, noctívago, espantajo de la fantasía popular".&lt;br /&gt;Las variaciones del mito llevan a Lilith a convertirse en seductora de los propios hijos de Adán y Eva (abordando a Caín con palabras de consuelo y reposo tras la muerte de Abel), o a asimilarla con la propia serpiente del Paraíso dando cuerpo de serpiente mientras Satán daba cara humana y la voz que sedujo a Eva (como en los frescos de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina). Un relato de Primo Levi nos recuerda que Lilith es la amante del mismo Dios creador, y que vive en el Mar Rojo comandando una corte de demonios. Y otra tradición afirma que Samael, luego Satán, el ángel caído, se convierte en pareja de Lilith, e incluso que juntos seducen a Eva para que engendre a Caín.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8531287179866804568-2286975938179873802?l=vampirosca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/2286975938179873802/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8531287179866804568&amp;postID=2286975938179873802' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/2286975938179873802'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/2286975938179873802'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/2009/01/la-madre-de-los-vampiros.html' title='LA MADRE DE LOS VAMPIROS'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568.post-5472054817614456303</id><published>2009-01-04T09:33:00.000-08:00</published><updated>2009-01-04T09:35:51.382-08:00</updated><title type='text'>Erzsébet Báthory 1560 - 1614</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/SWDzZjLtd_I/AAAAAAAAATU/8X96A6tn-cw/s1600-h/bathor1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287493582799599602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 367px; CURSOR: hand; HEIGHT: 457px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/SWDzZjLtd_I/AAAAAAAAATU/8X96A6tn-cw/s400/bathor1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8531287179866804568-5472054817614456303?l=vampirosca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/5472054817614456303/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8531287179866804568&amp;postID=5472054817614456303' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/5472054817614456303'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/5472054817614456303'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/2009/01/erzsbet-bthory-1560-1614.html' title='Erzsébet Báthory 1560 - 1614'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/SWDzZjLtd_I/AAAAAAAAATU/8X96A6tn-cw/s72-c/bathor1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568.post-1007706195846303212</id><published>2009-01-04T09:30:00.000-08:00</published><updated>2009-01-04T09:32:22.929-08:00</updated><title type='text'>ELLA, DRÁCULA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Javier García Sánchez, intrigado por la figura femenina, perversa y despiadada de Erzsébet Báthory, escribió Ella, Drácula: novela histórica que narra con minuciosidad episodios de vida, muy apegados a la realidad, de esta mujer que por sus acciones fue conocida en su tiempo como “La condesa sangrienta”. El autor se ocupó por dieciocho años de realizar la investigación en obras antiguas, anales y archivos, y dos años más en el proceso de producción. La historia se narra a partir de la mirada de un niño, supuestamente sordo, que crece al lado de este terrible personaje, por lo que es fiel testigo de sus atroces transformaciones.&lt;br /&gt;Muchos hombres y mujeres, a lo largo de la historia, por alcanzar el poder y poseer la belleza han sido capaces de cosas que hoy en día se consideran crímenes contra la humanidad. A finales del siglo XVI y principios del XVII, sucedió en Hungría uno de los ejemplos más terribles de esto: Erzsébet Báthory (1560-1614) nació en una familia aristócrata que pertenecía al mismo linaje de la realeza de Transilvania y Polonia. Al cumplir diez años sus padres la mandaron a vivir con la familia del joven que, en el futuro, la desposaría. Terminó de crecer en un hogar cristiano y a los quince años parecía haberse convertido en una elegante dama, que además era discreta y se mostraba piadosa y benevolente con los otros.&lt;br /&gt;Fiel a la costumbre de la época, al final aprendió a comportarse como los demás esperaban que lo hiciera, pero mientras no se sentía observada. Aficionada a la cacería, se lanzaba al campo abierto y perseguía con un deseo frenético a siervos, jabalíes e incluso osos; fue entonces cuando comenzó a sentir una enorme atracción por la sangre, el suplicio y la muerte de otros.&lt;br /&gt;Antes de cumplir los dieciséis fue desposada con el conde Ferenc Nadasdy, quien pasó la mayor parte de su vida marital participando en las batallas contra los otomanos para defender las fronteras orientales de Hungría; aunque ella repudiaba la idea de ser madre, dio a luz a tres mujeres y un varón, mismos que apartó de su hogar de la misma forma en que años atrás lo habían hecho sus padres con ella.&lt;br /&gt;No fue sino hasta después de cumplir cuarenta años que Erzsébet Báthory, ya con sus hijos casados y su esposo muerto, se sintió en libertad de satisfacer todos sus deseos. Comenzó por hacer subir a sus habitaciones a hermosas jóvenes vírgenes. Allí pasaban días y hasta semanas enteras. Nadie sabía cuál era su destino final. La condesa se sabía bella y le gustaba pasar horas ante el espejo contemplando su imagen; por ello no le fue difícil notar el momento en que los signos del envejecimiento se hicieron evidentes en su rostro .&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La necesidad de poder revertir lo inevitable la llevó a acercarse a la magia negra; persistente y dedicada, se volvió una especialista en la elaboración de pócimas y conjuros, todo ello con el propósito de recuperar la tersura y lozanía de la piel. Para no perder la belleza. En ese camino conoció a una bruja llamada Darvulia, quien le dijo que la forma ideal para frenar el envejecimiento era untarse sobre la piel la sangre tibia de una doncella virgen. Para entonces, ella ya había matado a varias jóvenes con fines sexuales, de algún modo comenzaba a descubrir su gusto por la sangre humana; así que no tardó en pinchar a sus sirvientas para beber su sangre, actividad que le producía un placer indescriptible.&lt;br /&gt;En adelante, la condesa, torturó y asesinó a un sinfín de mujeres jóvenes durante aproximadamente diez años. Se sumergía en la sangre de las víctimas: con ello y mediante una serie de conjuros creía preservar la belleza que la caracterizaba. Cabe mencionar que la idea de mejorar algún aspecto personal a través del contacto o consumo de materiales biológicos humanos, es muy antigua y se dio en diversas culturas. La creencia era que al estar en contacto o ingerir una de esas partes o sustancias de la víctima, se podría poseer su valor, su inteligencia, su belleza, su sabiduría.&lt;br /&gt;La obsesión de Erzsébet Báthory llegó a tal grado, que anotaba en una libreta los nombres y apellidos de sus víctimas (más de seiscientas), lista que acompañaba con descripciones generales que quedaron como testimonio en aquellas páginas. Por ello es considerada una de las asesinas seriales más despiadadas de la historia. Además de la bruja, se servía del apoyo y la complicidad de tres personas más que también disfrutaban presenciando las masacres donde cada una tenía muy establecido su papel y su función.&lt;br /&gt;La condesa logró depurar su técnica y contaba con innumerables herramientas e instrumentos de tortura. Durante el proceso, desde su sillón daba las órdenes a sus ayudantes o participaba en el crimen. Las asesinaba porque su piel era firme, estaban sanas, y era suya la alegría y frescura de la juventud. Erzsébet Báthory, como toda mujer rica de su tiempo, tenía una infinidad de castillos y casas de campo donde podía realizar estos actos.&lt;br /&gt;Cuando en Viena las desapariciones de las jóvenes comenzaron a levantar sospechas sobre ella, mandó forjar una “doncella de hierro”, artefacto parecido a un sarcófago que por los picos que contenía en el interior, atravesaba el cuerpo de quien allí fuera atrapado. Erzsébet Báthory se colocaba debajo, allí esperaba la ducha de sangre. Pero fue más allá: encargó que se le construyera una bañera donde se depositaba la sangre de las víctimas; allí permanecía largas horas sumergida.&lt;br /&gt;Finalmente, tras varias denuncias y evidenciada por su descarada actitud, fue detenida al igual que sus cómplices. Todos fueron condenados a castigos diversos: por sus crímenes se decidió que su sentencia fuera morir encerrada en una de sus habitaciones de la casa principal, donde sellaron puertas y ventanas dejando solo un orificio para poder introducir alimento. Vivió casi cuatro años más de esa manera: inevitablemente, cada nuevo año un sacerdote llegaba hasta allí para preguntarle si se arrepentía de sus crímenes atroces, pero la respuesta siempre fue la misma: “eran mis tierras, eran mis gentes”. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8531287179866804568-1007706195846303212?l=vampirosca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/1007706195846303212/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8531287179866804568&amp;postID=1007706195846303212' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/1007706195846303212'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/1007706195846303212'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/2009/01/ella-drcula.html' title='ELLA, DRÁCULA'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568.post-4351626176983709596</id><published>2009-01-04T09:29:00.000-08:00</published><updated>2009-01-04T09:30:22.942-08:00</updated><title type='text'>EL EVANGELIO DE LOS VAMPIROS</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/SWDyCa67bZI/AAAAAAAAATM/0mE1nB5XG4U/s1600-h/evangelio.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287492085933108626" style="DISPLAY: block; 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no existía la alegría ni el placer. 10 Unicamente las profundidades internas unidas ala negrura de las profundidades externas. 11 Y las criaturas de las Tinieblas recorrían el Universo en libertad. 12 No existían limites, no existía el principio ni el fin. 13 Viajaban fugazmente recorriendo los siete principales vértices, y los miles de ilimitados vértices en expansión constante. 14 Algunos, sólo algunos de ellos eligieron un mundo cubierto por aguas oscuras. 15 Y este mundo fue nombrado Aradia. 16 He aquí el Primer Misterio, la llave a esta Dimensión. 17 Pero este mundo fue elegido también por otro Ser. 18 El se nombró a sí mismo el Creador. 19 Nacido de la oscuridad, se rebeló ante ella. Así, el velo fue rasgado. 20 Y el Espíritu del Ser se movía sobre las aguas. 21 Mientras en los siete vértices la oscuridad sintió por vez primera el dolor. 22 Rebelándose a las profundidades internas, al no-principio y no-fin, se declaró principio y fin. 23 Y dijo: "Hágase la luz". 24 Por siempre la oscuridad había albergado a los hijos de la oscuridad y de lo Que No Tiene Forma. 25 Pero la luz alteró al Universo por siempre. 26 Los siete vértices fueron rotos. El Universo fue violado con resplandores. Estos fueron nombrados Estrellas. 27 El fuego fue creado. Fue creado el dolor. Fue creado el principio y el fin. La muerte y la vida. El bien y el mal. La noche y el día. Amor y odio. Verdad y mentira. Alfa y omega. 28 El creador se apodero del Universo y de la oscuridad. 29 Lo Que No Tiene Forma fue negado y el Ser ocupó su lugar. 30 En el caos resultante, las Criaturas de las Tinieblas gritaron de dolor, se calcinaron en el fuego de las estrellas; enloquecieron cuando el Bien y el Mal penetraron sus voces; y gimieron de agonía al Ser encerrados en un cuerpo donde existía el principio y el fin. 31 Los que eligieron el mundo cubierto por las aguas fueron cegados con los primeros rayos de un sol maligno. 32 Y el tiempo comenzó a transcurrir. 33 Siete eras de dolor, ceguera, agonía y muerte. Estos fueron los siete días de la creación. 34 La miseria nombrada Vida se expandió en Aradia, que desde entonces fue llamada Tierra. 35 Pues las aguas habían retrocedido. 36 Donde una vez hubo oscuridad y el hielo lo cubría todo, el mar se replegó y la vida fue engendrada en la Tierra. 37 Flores surgieron del cadáver de la Nada; Seres diminutos llegaron de los mares para pervertir los suelos, ríos y montañas. 38 Y estos seres crecían y se consumían unos a otros. Depredadores atacaban a los débiles. 39 De esta forma el Creador estableció su caos en el Universo y en la Tierra. 40 Las Criaturas de las Tinieblas no pudieron oponerse al Caos, pues el Caos lo abarcó todo hasta el infinito, los siete vértices rotos y los miles de vértices que ya no se expandieron más. 41 Y este desorden fue llamado belleza. 42 En el séptimo día el Creador descansó. 43 Las Criaturas de las Tinieblas, ante el Caos de la luz, se había replegado sobre si mismas, buscando en su oscuridad interna. 44 Pues en ella aún había sabiduría. 45 Así aprendieron a expanderse a pesar de los limites que les habían sido impuestos. 46 Y la oscuridad de las Criaturas de las Tinieblas renació en el séptimo día, mientras el Creador descansaba. 47 Las profundidades internas volvieron a comunicarse con las profundidades externas. 48 A pesar de la luz, en pleno día, los siete vértices fueron restaurados, y cada uno restauro a sus miles de vértices, mas ya no en expansión constante. 49 El dolor no pudo ser borrado, ni la alegría, ni el amor, ni el tiempo, ni la muerte. 50 Aunque las Criaturas de las Tinieblas son intemporales, habrán de tener un fin. Como tendrá el caos. Pero el fin es la apertura a nuevos ciclos. 51 Este es el Segundo Misterio. Quien tenga entendimiento, obtenga la llave a esta dimensión.  &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;"2 1 El creador despertó de su descansó al octavo día. 2 "He aquí", proclamó, "he descubierto la restauración parcial del Universo; 3 Y este es mi castigo a las Criaturas de las Tinieblas: 4 Malditas sean por siempre, maldita la oscuridad que las engendró, maldita la no-conciencía; 5 Sean repudiadas por los Seres de la Tierra, de lo que hay debajo de la Tierra y el Cielo; 6 Sea la Muerte para ellas al cabo de mil eras de melancolía; 7 Yo, el Creador, prohibo que el Caos se restaure. 8 Por que esta es mi palabra, permanecerá hasta el fin de la eternidad". 9 Mas el Creador estaba solo en su luz. 10 Nada escuchó su maldición. 11 Por lo que dijo: "Creare aliados". 12 Y fueron hechos los ángeles, las criaturas de luz. 13 Vio el Creador que los aliados eran buenos para él, pues cantaban sus alabanzas. 14 Mas la música no fue hecha por las criaturas de luz; les fue robada a las Criaturas de las Tinieblas. 15 Cuando estas viajaban fugazmente a los siete vértices en busca de refugio. 16 La música fue el primer Arte; la música permitía a las Criaturas de las Tinieblas transitar de vértice a vértice. 17 La música es la puerta a todas las dimensiones, este es también parte del Segundo Misterio. 18 Mas aconteció que la música fue violada por las Criaturas de la luz que acompañaban al Creador por las regiones etéreas. 19 El silencio de las Tinieblas fue grande al proclamarse la victoria de la luz y la confusión en las lenguas. 21 En las Tinieblas, un Ser se adelantó a los demás y se dirigió al infinito oscuro: 22 "Por que nosotros no hemos sido nombrados, un nombre nos otorgaremos. 23 Para que el Creador nos reconozca al desafiarlo; mas no serán sus nombres, sino Nuestros Nombres". 24 Y he aquí todas las Criaturas de las Tinieblas fueron nombradas a sí mismas, sirviéndose de las lenguas que les habían sido impuestas para confusión. 25 Y llevaron por nombre Marduk, Innana, Ereshkigal, Mictlantecuhtli, Ctulhu, Unukalai, Lilith, Esfinge, Baphomet, Drakull, Tor, Yog-Sothoth, Shub Niggurath, Teutates, Gommatesvara, Tinia, Dharma, Zu, Yima, Vahagn, Ullikummi, Enlil, Atanaesic, Cronos, Agasia-Gigagei, Awonawilona, Ishtar, Kepra, Astarté, Baal, Fudo-myoo, Ukulan-tojon, Isis, Tlaloc, Ahura, Mazda, Moloch, Nehebkau, Mitra, Sraosha, Erlik, Urano, Atius, Zeus, Tirawa, Chac, Dohkwibuch, Dagon, Kali, Nergal, Mantus, Pan, Nija, Hecate, Emma-O, Chemosh, Damballa, Amon, Anubis, Metztli, Supay, Sammael, Yaotzin, Thoth, Supay, Sekhmet... 26 Hasta completar los seiscientos sesenta y seis nombres de la Primer Generación de las Tinieblas. 27 Y todos ellos fueron conocidos por el Creador como El Maligno. 28 Mas no fueron nombrados por el Creador ni por los ángeles, ni por ninguna otra criatura, viva, muerta o no-muerta, sino por ellos mismos. 29 Y la primer generación creció hasta los trece mil nombres, que partieron hacía todos los rincones de tierra, aire, agua, viento y fuego oscuro; al glacial desierto del sur, a las islas sumergidas, soñando bajo las aguas, al espacio exterior más allá de las estrellas y al Centro del Mundo. 30 Este es el Tercer Misterio, la puerta ala comprensión de los trece mil nombres. 31 Los nombres fueron registrados en el primer libro escrito por ser alguno. 32 Y este libro es el Espejo de la Eternidad. 33 Sus páginas fueron escritas por las Criaturas recién nombradas, para que no fuera olvidado el día de la Rebelión Melancólica. 34 Cuando fueron liberadas las otras Artes, para gloria de la oscuridad. 35 Quien tenga entendimiento, comprenda el nombre del Ser oscuro que se adelantó para hablar con sus hermanos. 36 Su nombre es Ubbo Sathla. 37 Las Criaturas de las Tinieblas atestiguaron la creación de los ángeles. El creador no pudo apartarlos de su presencia. 38 Pues ellos eran oscuridad, y aunque el Creador la había negado en si mismo, seguía siendo hijo de la oscuridad. 39 Y la oscuridad esta en el desde el principio, y lo estará hasta el fin de los tiempos. 40 Así, los hijos de las Tinieblas conocieron el nacimiento en dolor de los hijos de la luz. 41 Para los ángeles, en el principio fue la luz. 42 Una densa, ilimitada luz los esclavizaba a los siete vértices del Creador. 43 Mas ellos mismos descubrirían que también poseían oscuridad. 44 Después de la Ruptura, el universo y los seres poseían luz y oscuridad. La poseen, y la poseerán por siempre. Así sea.  &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;"3 1 Aconteció que los ángeles descubrieron su oscuridad mientras viajaban por las regiones etéreas. 2 Teniendo ya grandes riquezas y honores, ángeles y arcángeles negaron su sabiduría y se aceptaron como seres de luz pura. 3 Todos menos uno. El nombre de éste era Luzbel, arcángel gobernante de muchas legiones, músico en las regiones celestes. 4 Viendo Luzbel que estaba formado por oscuridad quiso tener comercio con los hijos de las Tinieblas. 5 Pero sabia que tal comercio estaba prohibido por el Creador. 6 Por eso fue ante el Creador y cuestionó su prohibición. 7 Y el Creador lo maldijo con estas palabras: 8 "Tú, mi querubín protector, has sido hallado culpable de traición, Sea, pues, la guerra entre tú y yo". 9 Así, la guerra fue hecha en el Cielo. 10 Habló el Creador a sus miríadas de ángeles, querubines, serafines y arcángeles. 11 Mandándoles desterrar a Luzbel y a los ángeles que, con él, no habían negado la sabiduría. 12 "He aquí", les dijo "he construido una dimensión ajena a las Criaturas de las Tinieblas, para que Luzbel y sus legiones permanezcan por siempre en dolor y tormento, en el lago de fuego que no tiene fin, donde arderá asimismo el género humano que estoy por crear, donde serán atormentados todos aquellos que vomitaré de mi presencia, y donde al final de los tiempos arderá la Bestia, el Falso Profeta y las Criaturas de las Tinieblas; 13 Por que yo soy el Creador, y he escrito lo que acontecerá en el futuro, en lasa siete dimensiones, hasta el día en que, cansado, habré de morir destruyendo al Universo". 14 Y por esto fue exaltado por arcángeles, querubines, serafines y ángeles. 15 Más el Creador contempló el futuro, y vio que volvería a quedarse solo. 16 Y penso en la humanidad, a la que haría a su imagen y semejanza, con toda su crueldad, capricho, y con todo su Amor. 17 Mas el Amor fue perverso desde su origen, pues formaba parte de la luz. 18 Fue el amor el que llevó al Creador a negar su oscuridad. 19 Fue el Amor el que venció a Luzbel y sus ángeles en la batalla del Cielo. 20 Un lamento cruzó las puertas de las siete dimensiones, despertando a las Criaturas de las Tinieblas que dormían tras haber sido nombradas así mismas, tras haber atestiguado la creación de los ángeles. 21 El lamento de Luzbel en su caída. 22 Estos fueron los acontecimientos de la guerra en el cielo; mas para quien tiene entendimiento es posible experimentarlos en este momento. 23 Tal es el Cuarto Misterio, la Puerta a la Guerra en el Cielo. 24 Dijo entonces el Creador a Luzbel: 25 "Seas precipitado en este lago de fuego por el resto de tus intocables días; seas odiado por los seres humanos que he de crear; seas odiado por las Criaturas de las Tinieblas, a las que ordenaré odiarte, o serán destruidas". 26 Pero las Criaturas de las Tinieblas se volvieron hacia Luzbel, dando la espalda al Creador. 27 Pero el Creador dijo: "Hágase la destrucción". 28 Mas las eras han pasado, y la destrucción no ha llegado para las Criaturas de las Tinieblas. 29 Entonces sentenció el Creador "Aliadas sean, criaturas, a Luzbel, sea el nuevo nombre de éste Satán, que significa el adversario; sea el infierno morada de los seres oscuros, y de los ángeles que aceptaron la sabiduría, pues yo soy el único, el privilegiado, el digno de todo honor y toda gloria; 30 Malditos sean los seres ajenos a mí, incluyendo al género humano, al que estoy a punto de crear". 31 Y esta fue la respuesta de Satán, y de las Criaturas de las Tinieblas: 32 33 Mas la respuesta en un misterio que aún no puede ser revelado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Progresivamente se irá publicando todo el evangelio&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8531287179866804568-8648891428911704026?l=vampirosca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/8648891428911704026/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8531287179866804568&amp;postID=8648891428911704026' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/8648891428911704026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/8648891428911704026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/2009/01/evangelio-de-los-vampiros.html' title='EVANGELIO DE LOS VAMPIROS'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568.post-2219287305536709009</id><published>2008-11-16T16:07:00.000-08:00</published><updated>2008-11-16T16:09:25.810-08:00</updated><title type='text'>VLAD DE CARLOS FUENTES. Por Eduardo Zaramella</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Mucho se ha escrito sobre el Conde Drácula. Muchas han sido las apariciones del personaje creado por &lt;a class="enlacepersona" href="http://www.tumbaabierta.com/literatura/015_bramstoker.php"&gt;Bram Stoker&lt;/a&gt; en novelas, relatos, cómics, cine y televisión. ¿Pero quién fue en realidad el Conde Drácula?&lt;br /&gt;Sin duda, todos los indicios apuntan al famoso voivoda de Valaquia, el sanguinario y cruel Vlad Tepes (1431-1476), también conocido como el Empalador gracias a su predilección por tal peculiar método de castigo.&lt;br /&gt;¿Tiene algo que ver el personaje histórico con el mito del vampiro? En realidad, no mucho. Es cierto que nuestro querido Vlad era bastante aficionado al derramamiento de sangre (ajena, por supuesto), pero en eso no se distinguía de buena parte de los príncipes, reyes o incluso Papas de la época. No eran buenos tiempos para la lírica, no señor. A menos que estuviera acompañada de una buena dosis de tinta extraída de las venas de algún pobre desdichado o de alguna incauta y virginal doncella.&lt;br /&gt;Pero aparte de estos pequeños detalles nuestro voivoda favorito no tenía nada de chupasangre, sambenito que injustamente le cayó encima tras la publicación de la famosa novela stokeriana.&lt;br /&gt;De hecho, debo mencionar que en Rumanía, como he podido comprobar en un reciente viaje a Transilvania, no están nada contentos con la fama “adicional” de su gran héroe histórico. Porque no olvidemos que en ese país el famoso Vlad es para muchos un héroe y un personaje digno de admiración. Claro que las tradiciones vampíricas de esas tierras eran y aún son importantes, de ahí que Stoker se inspirara en Tepes y le otorgara el don de la inmortalidad vampírica.&lt;br /&gt;En general, siempre que hemos visto al Conde Drácula en cine o televisión ha sido casi exclusivamente bajo el prisma del vampiro, con la excepción notable del Drácula (1992) de Coppola donde sí se nos presenta una clara retrospectiva del Vlad Tepes histórico. A la manera de Coppola, por supuesto.&lt;br /&gt;Carlos Fuentes, el gran escritor mexicano, nos lo ha traído de nuevo y de una forma muy digna y original. En su libro de relatos &lt;a class="enlacetexto" href="http://www.tumbaabierta.com/literatura/027_inquietacompania.php"&gt;Inquieta compañía&lt;/a&gt; (2004), se nos presenta a Vlad, protagonista de un cuento del mismo título, como un anciano vampiro de noble estirpe que inesperadamente visita tierras mexicanas en busca de paz y sosiego. Su nombre nos debería resultar bastante familiar, ¿verdad? Y por si quedan dudas, veamos el nombre completo: Conde Vladimir Radu. Las pistas no pueden ser más claras. Pero, como diría Jack the ripper, vayamos por partes.&lt;br /&gt;La historia del relato es la siguiente: Yves Navarro es un tranquilo abogado que vive felizmente casado con su mujer y una hija, quien un buen día recibe un misterioso encargo: legalizar las gestiones pertinentes para que un no menos misterioso personaje llegado del Este de Europa –el ya mencionado Conde Vladimir– pueda habilitar un viejo palacio en pleno Distrito Federal para su próxima residencia. Cuando Navarro le visita queda impactado ante su presencia, viste de negro, es delgado y alto, rostro pálido y, detalle importante, lleva siempre gafas oscuras.&lt;br /&gt;Otro detalle, no menos importante, es que el citado Conde es poco amigo de la luz solar. Esto sin embargo no es motivo suficiente para que nuestro querido Navarro sospeche la verdadera naturaleza de su cliente, todo lo más le considera un tipo “rarito” (¿cuántos artistas no lo son?).&lt;br /&gt;Poco a poco la trama se complica, hasta que un buen día su hija y su esposa desaparecen misteriosamente. Cuando Navarro vuelve a visitar al Conde, y tras una opípara cena a base de vino y vísceras, queda inexplicablemente dormido. Despierta al amanecer y descubre que en el sótano de la vieja casa hay una gran cantidad de féretros, en uno de los cuales se encuentra el distinguido anfitrión. Con una particularidad, si cabe, y es que el hombre carece de ojos. Sí, ojos. En su lugar únicamente dos cuencas vacías, de ahí la costumbre del amigo en cubrirlas con gafas oscuras.&lt;br /&gt;No pretendo desvelar toda la trama del relato, que es magnífico, por si alguno de los lectores de este artículo aún no lo ha leído. Sí mencionar, que la presencia de Vlad en México no se debe a la casualidad, y por tanto su encuentro con Navarro no es fortuito.&lt;br /&gt;La mujer, Asunción, y especialmente la hija, Magdalena, son elementos determinantes. ¿Qué es lo que distingue esta historia de otras muchas? Aparte del incuestionable talento de su prosa, rica y llena de matices, hay algo que atrapa a cualquier lector aficionado a la literarura fantástica y, muy especialmente, vampírica: el tratamiento que Carlos Fuentes ofrece de un personaje tan conocido como el Conde Drácula. Porque efectivamente, y esto no es un secreto desvelado porque se sospecha desde el principio, Vladimir Radu no es otro que el famoso e histórico Vlad Tepes, hijo de Vlad Dracul, antiguo y poderoso soberano de Valaquia. ¿Un vampiro? Sí. Pero no porque lo haya sido siempre, sino porque fue convertido en tal por otro vampiro. En este caso, por una dulce y cándida niña vampira.&lt;br /&gt;Aquí Fuentes revela un gran conocimiento del mundo de los Nosferatu. La niña, Minea (¿a qué suena ese nombre?), es una vampira de varios siglos de edad pero de apariencia infantil, perteneciente a una de las muchas tribus de chupasangres que habitan el planeta. Es ella quien localiza al antiguo déspota de Valaquia y quien, aún en vida, le convierte en criatura de la noche. Cómo lo hace, y cómo lo describe Fuentes, es para ser leído y no explicado.&lt;br /&gt;Se nos presenta, pues, la existencia de un mundo paralelo, de una sociedad de seres de la noche que viven al margen de la sociedad humana, y entre ellos, sólo entre ellos, se encuentra nuestro querido voivoda. No es el líder supremo, sino simplemente, uno más. Que busca, como todos, humanos o vampiros, la compañía de un ser querido. En definitiva, una inquieta compañía.&lt;br /&gt;Lo curioso y original es, que tras buscarla por todo el orbe es en México, en medio de una gran ciudad como es el Distrito Federal, donde la encuentra. Y será paciente, esperará, para por fin, unir su vida a la de su eterna compañera. “Un niño pequeño es como un Dios inacabado, y el mundo la obra interminable de ese Dios inacabado”, le espeta el Conde a Navarro en un pasaje del relato. Por eso los niños son tan importantes, porque ellos son la parte inacabada de Dios, de quienes se nutre para seguir existiendo. Como, de alguna manera, los vampiros.&lt;br /&gt;No pocos, desde la mítica Lilith, se han valido de la sangre de los niños para perpetuar su existencia. Los niños como símbolo, porque de eso se trata, de la pureza divina, seres aún no manchados por la codicia y la crueldad del ser adulto.&lt;br /&gt;El relato de Carlos Fuentes plantea numerosas preguntas, todas ellas inquietantes. ¿Vale la pena la inmortalidad? ¿Es un privilegio o una condena? ¿Es posible desear la muerte para vivir, tras ella, la vida? ¿Es la propia vida una prisión, como la muerte? El vampiro, como reflejo del anhelo del ser humano, mortal, por conseguir la inmortalidad, es decir, la vida eterna. Y la sangre, una vez más, como motor de vida y muerte. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8531287179866804568-2219287305536709009?l=vampirosca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/2219287305536709009/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8531287179866804568&amp;postID=2219287305536709009' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/2219287305536709009'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/2219287305536709009'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/2008/11/vlad-de-carlos-fuentes-por-eduardo.html' title='VLAD DE CARLOS FUENTES. Por Eduardo Zaramella'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568.post-1629695579759468066</id><published>2008-11-16T16:04:00.000-08:00</published><updated>2008-11-16T16:06:39.801-08:00</updated><title type='text'>LOS VAMPIROS DE FRANZ. Por Carlos Fuentes</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Dijo una vez Octavio Paz que la originalidad primero era una imitación. Esta idea sería una contradicción de la noción de "origen" como "principio" o "existencia sin antecedente". En cambio, la palabra "originalidad" significa pensar con independencia o creativamente (diccionario Oxford).&lt;br /&gt;La novela de Carlos Franz Almuerzo de vampiros reconoce algunos temas y obras precedentes. La carátula nos muestra al vampiro de vampiros, Drácula interpretado por Bela Lugosi, en el acto de clavar los dientes en el cuello de una bella adormilada. Hay una referencia a la película de Fritz Lang, M, el vampiro de Düsseldorf. Creo que éstos son inteligentes engaños con los que Franz distrae nuestra atención para sorprendernos con un acto de prestidigitación literaria y política desprevenido.&lt;br /&gt;Estamos en un restorán de Santiago de Chile, el Flaubert, donde el narrador come con un amigo, Zósima, en el Chile de la democracia restaurada. De repente, el narrador descubre, en otra mesa, a un hombre que creía muerto, el "maestrito", una especie de bufón del hampa cuya misión era divertir a los malvivientes que medraban a la sombra de la dictadura de Pinochet, sin pertenecer a ella.&lt;br /&gt;¿Es este hombrecito bufonesco, escuálido, contrahecho, el maestrito de la pandilla de Lucio, el Doc Fernández, la juvenil Vanesa y la Mariscala (porque comía mariscos)? Este primer enigma conduce al narrador a rememorar su juventud en los años de la tiranía como mero apéndice de la banda de rufianes. El narrador se pregunta qué hace en esa compañía, él que es estudiante de día y taxista de noche. Rememora sus años de estudio como joven huérfano y becario en el curso del profesor de humanidades Víctor Polli y la exaltación intelectual de esos años mozos. Pero la promesa implícita se rompe, como se quiebra la vida entera del país y el narrador es succionado al bajo mundo de la trampa, el crimen y la gigantesca broma que lo envuelve todo, dándole a la novela de Franz un doble carácter, repugnante y creador, malsano e imaginativo, que depende, para ser todo esto (y más) de un uso extraordinario del habla popular de Chile, una de las más ricas, huidizas y defensivas de Hispanoamérica.&lt;br /&gt;En esta comedia negra, Franz acude a un lenguaje que es a la vez expresión y disfraz de un propósito: provocar la hilaridad, convertirlo todo en "talla", es decir, en broma descomunal, "una broma que nos hará reír no sólo a nosotros. Que hará reír al país entero. Que transformará toda esta época en un chiste". "La talla", claro, tiene un origen en el ingenio del "roto" chileno, primo hermano del "pelado" mexicano y proveedor tradicional del habla que el narrador llama "cantinfleo": la capacidad de hablar mucho sin decir nada o decir mucho sobre lo que no se habla. Es el "relajo" mexicano, que da la medida de nosotros, como la "talla" la de los chilenos.&lt;br /&gt;En este sentido, Almuerzo con vampiros es una extraordinaria oferta y transfiguración del habla chilena, en la que todo se disfraza verbalmente a veces como disimulo, a veces como agresión, siempre como talla, broma, hilaridad, tomadura de pelo a nivel colectivo. Pololo (novio), Fome (aburrido, letárgico) y siútico (ridículo, cursi) son originales palabras chilenas que aquí se engarzan con los vocablos sexuales que van directo al órgano de la potencia masculina, convirtiéndola en "la palabra más escrita en los muros (y retretes) de Chile": pico (polla en España, pito en México) al grado de que en elecciones libres, "el pico sería elegido como presidente de la república".&lt;br /&gt;Dedo sin uña, cara de haba; en México, "chile": el sexo masculino se convierte en símbolo de la vida y del poder, fantasma privado de la realidad pública, como el "maestrito" arratonado y servil lo es del eminente profesor de humanidades Víctor Polli. Pocas figuras de la miseria humana se comparan, en nuestra literatura, a la de este hombrecito raquítico, Rigoletto del hampa, robachistes, adulador, servil, impotente, el "maestrito" que acaso ha usurpado la persona del "maestro" como el dictador ha usurpado la persona del "poder".&lt;br /&gt;La novela de Franz propone varios enigmas cuya solución depende -o no- de la lectura del lector. ¿Ha confundido el narrador a un esperpento grosero con un humanista "que sabía latín"? Más, ese esperpento, ¿se salva acaso gracias a su vulgaridad misma? ¿Es la ordinariez, al final de cuentas, una forma de supervivencia en una época hoy "indefensa", en el sentido de que nadie la defiende ya, excepto quienes la usurparon?&lt;br /&gt;Carlos Franz no da soluciones fáciles. No es tierno con el pasado. Tampoco lo es con un presente en el que "sólo se premian las ambiciones" y la ciudadela empresarial "se lo traga todo". No hay que preguntar demasiado, concluye el narrador: el silencio fue el agua de esa época y "aun cuando sea un pasado miserable, es el único que tenemos".&lt;br /&gt;No revelo el final de esta hermosa y original obra. Sólo me admiro ante el gran talento literario de Franz y le auguro un gran porvenir. Su anterior novela, El desierto, demostró que es posible crear una novela trágica en un continente melodramático. Almuerzo con vampiros es un libro inclasificable porque al imitar una tradición literaria (Drácula) y una realidad política (Pinochet) da origen a formas de narrar absolutamente únicas, independientes y creativas. -&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8531287179866804568-1629695579759468066?l=vampirosca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/1629695579759468066/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8531287179866804568&amp;postID=1629695579759468066' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/1629695579759468066'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/1629695579759468066'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/2008/11/los-vampiros-de-franz-por-carlos.html' title='LOS VAMPIROS DE FRANZ. Por Carlos Fuentes'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568.post-102136020262207398</id><published>2008-11-15T03:56:00.000-08:00</published><updated>2008-11-15T04:07:05.277-08:00</updated><title type='text'>EL HORLA. Por Guy de Maupassant</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;8 de mayo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué hermoso día! He pasado toda la mañana tendido sobre la hierba, delante de mi casa, bajo el enorme plátano que la cubre, la resguarda y le da sombra. Adoro esta región, y me gusta vivir aquí porque he echado raíces aquí, esas raíces profundas y delicadas que unen al hombre con la tierra donde nacieron y murieron sus abuelos, esas raíces que lo unen a lo que se piensa y a lo que se come, a las costumbres como a los alimentos, a los modismos regionales, a la forma de hablar de sus habitantes, a los perfumes de la tierra, de las aldeas y del aire mismo.&lt;br /&gt;Adoro la casa donde he crecido. Desde mis ventanas veo el Sena que corre detrás del camino, a lo largo de mi jardín, casi dentro de mi casa, el grande y ancho Sena, cubierto de barcos, en el tramo entre Ruán y El Havre.&lt;br /&gt;A lo lejos y a la izquierda, está Ruán, la vasta ciudad de techos azules, con sus numerosas y agudas torres góticas, delicadas o macizas, dominadas por la flecha de hierro de su catedral, y pobladas de campanas que tañen en el aire azul de las mañanas hermosas enviándome su suave y lejano murmullo de hierro, su canto de bronce que me llega con mayor o menor intensidad según que la brisa aumente o disminuya.&lt;br /&gt;¡Qué hermosa mañana!&lt;br /&gt;A eso de las once pasó frente a mi ventana un largo convoy de navíos arrastrados por un remolcador grande como una mosca, que jadeaba de fatiga lanzando por su chimenea un humo espeso.&lt;br /&gt;Después, pasaron dos goletas inglesas, cuyas rojas banderas flameaban sobre el fondo del cielo, y un soberbio bergantín brasileño, blanco y admirablemente limpio y reluciente. Saludé su paso sin saber por qué, pues sentí placer al contemplarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;11 de mayo&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Tengo algo de fiebre desde hace algunos días. Me siento dolorido o más bien triste.&lt;br /&gt;¿De dónde vienen esas misteriosas influencias que trasforman nuestro bienestar en desaliento y nuestra confianza en angustia? Diríase qué el aire, el aire invisible, está poblado de lo desconocido, de poderes cuya misteriosa proximidad experimentamos. ¿Por qué al despertarme siento una gran alegría y ganas de cantar, y luego, sorpresivamente, después de dar un corto paseo por la costa, regreso desolado como si me esperase una desgracia en mi casa? ¿Tal vez una ráfaga fría al rozarme la piel me ha alterado los nervios y ensombrecido el alma? ¿Acaso la forma de las nubes o el color tan variable del día o de las cosas me ha perturbado el pensamiento al pasar por mis ojos? ¿Quién puede saberlo? Todo lo que nos rodea, lo que vemos sin mirar, lo que rozamos inconscientemente, lo que tocamos sin palpar y lo que encontramos sin reparar en ello, tiene efectos rápidos, sorprendentes e inexplicables sobre nosotros, sobre nuestros órganos y, por consiguiente, sobre nuestros pensamientos y nuestro corazón.&lt;br /&gt;¡Cuán profundo es el misterio de lo Invisible! No podemos explorarlo con nuestros mediocres sentidos, con nuestros ojos que no pueden percibir lo muy grande ni lo muy pequeño, lo muy próximo ni lo muy lejano, los habitantes de una estrella ni los de una gota de agua. . . con nuestros oídos que nos engañan, trasformando las vibraciones del aire en ondas sonoras, como si fueran hadas que convierten milagrosamente en sonido ese movimiento, y que mediante esa metamorfosis hacen surgir la música que trasforma en canto la muda agitación de la naturaleza... con nuestro olfato, más débil que el del perro... con nuestro sentido del gusto, que apenas puede distinguir la edad de un vino.&lt;br /&gt;¡Cuántas cosas descubriríamos a nuestro alrededor si tuviéramos otros órganos que realizaran para nosotros otros milagros!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;16 de mayo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Decididamente, estoy enfermo. ¡Y pensar que estaba tan bien el mes pasado! Tengo fiebre, una fiebre atroz, o, mejor dicho, una nerviosidad febril que afecta por igual el alma y el cuerpo. Tengo continuamente la angustiosa sensación de un peligro que me amenaza, la aprensión de una desgracia inminente o de la muerte que se aproxima, el presentimiento suscitado por el comienzo de un mal aún desconocido que germina en la carne y en la sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;18 de mayo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Acabo de consultar al médico pues ya no podía dormir. Me ha encontrado el pulso acelerado, los ojos inflamados y los nervios alterados, pero ningún síntoma alarmante. Debo darme duchas y tomar bromuro de potasio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;25 de mayo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;¡No siento ninguna mejoría! Mi estado es realmente extraño. Cuando se aproxima la noche, me invade una inexplicable inquietud, como si la noche ocultase una terrible amenaza para mí. Ceno rápidamente y luego trato de leer, pero no comprendo las palabras y apenas distingo las letras. Camino entonces de un extremo a otro de la sala sintiendo la opresión de un temor confuso e irresistible, el temor de dormir y el temor de la cama. A las diez subo a la habitación. En cuanto entro, doy dos vueltas a la llave y corro los cerrojos; tengo miedo. . . ¿de qué?. . . Hasta ahora nunca sentía temor por nada. . . abro mis armarios, miro debajo de la cama; escucho... escucho... ¿qué?... ¿Acaso puede sorprender que un malestar, un trastorno de la circulación, y tal vez una ligera congestión, una pequeña perturbación del funcionamiento tan imperfecto y delicado de nuestra máquina viviente, convierta en un melancólico al más alegre de los hombres y en un cobarde al más valiente? Luego me acuesto y espero el sueño como si esperase al verdugo. Espero su llegada con espanto; mi corazón late intensamente y mis piernas se estremecen; todo mi cuerpo tiembla en medio del calor de la cama hasta el momento en que caigo bruscamente en el sueño como si me ahogara en un abismo de agua estancada. Ya no siento llegar como antes a ese sueño pérfido, oculto cerca de mi, que me acecha, se apodera de mi cabeza, me cierra los ojos y me aniquila.&lt;br /&gt;Duermo durante dos o tres horas, y luego no es un sueño sino una pesadilla lo que se apodera de mí. Sé perfectamente que estoy acostado y que duermo. . . lo comprendo y lo sé. . . y siento también que alguien se aproxima, me mira, me toca, sube sobre la cama, se arrodilla sobre mi pecho y tomando mi cuello entre sus manos aprieta y aprieta... con todas sus fuerzas para estrangularme.&lt;br /&gt;Trato de defenderme, impedido por esa impotencia atroz que nos paraliza en los sueños: quiero gritar y no puedo; trato de moverme y no puedo; con angustiosos esfuerzos y jadeante, trato de liberarme, de rechazar ese ser que me aplasta y me asfixia, ¡pero no puedo!&lt;br /&gt;Y de pronto, me despierto enloquecido y cubierto de sudor. Enciendo una bujía. Estoy solo.&lt;br /&gt;Después de esa crisis, que se repite todas las noches, duermo por fin tranquilamente hasta el amanecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;2 de junio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Mi estado se ha agravado. ¿Qué es lo que tengo? El bromuro y las duchas no me producen ningún efecto. Para fatigarme más, a pesar de que ya me sentía cansado, fui a dar un paseo por el bosque de Roumare. En un principio, me pareció que el aire suave, ligero y fresco, lleno de aromas de hierbas y hojas vertía una sangre nueva en mis venas y nuevas energías en mi corazón. Caminé por una gran avenida de caza y después por una estrecha alameda, entre dos filas de árboles desmesuradamente altos que formaban un techo verde y espeso, casi negro, entre el cielo y yo.&lt;br /&gt;De pronto sentí un estremecimiento, no de frío sino un extraño temblor angustioso. Apresuré el paso, inquieto por hallarme solo en ese bosque, atemorizado sin razón por el profundo silencio. De improviso, me pareció que me seguían, que alguien marchaba detrás de mí, muy cerca, muy cerca, casi pisándome los talones.&lt;br /&gt;Me volví hacia atrás con brusquedad. Estaba solo. Únicamente vi detrás de mí el resto y amplio sendero, vacío, alto, pavorosamente vacío; y del otro lado se extendía también hasta perderse de vista de modo igualmente solitario y atemorizante.&lt;br /&gt;Cerré los ojos, ¿por qué? Y me puse a girar sobre un pie como un trompo. Estuve a punto de caer; abrí los ojos: los árboles bailaban, la tierra flotaba, tuve que sentarme. Después ya no supe por dónde había llegado hasta allí. ¡Qué extraño! Ya no recordaba nada. Tomé hacia la derecha, y llegué a la avenida que me había llevado al centro del bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;3 de junio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;He pasado una noche horrible. Voy a irme de aquí por algunas semanas. Un viaje breve sin duda me tranquilizará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;2 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Regreso restablecido. El viaje ha sido delicioso. Visité el monte Saint-Michel que no conocía.&lt;br /&gt;¡Qué hermosa visión se tiene al llegar a Avranches, como llegué yo al caer la tarde! La ciudad se halla sobre una colina. Cuando me llevaron al jardín botánico, situado en un extremo de la población, no pude evitar un grito de admiración. Una extensa bahía se extendía ante mis ojos hasta el horizonte, entre dos costas lejanas que se esfumaban en medio de la bruma, y en el centro de esa inmensa bahía, bajo un dorado cielo despejado, se elevaba un monte extraño, sombrío y puntiagudo en las arenas de la playa. El sol acababa de ocultarse, y en el horizonte aún rojizo se recortaba el perfil de ese fantástico acantilado que lleva en su cima un fantástico monumento.&lt;br /&gt;Al amanecer me dirigí hacia allí. El mar estaba bajo como la tarde anterior y a medida que me acercaba veía elevarse gradualmente a la sorprendente abadía. Luego de varias horas de marcha, llegué al enorme bloque de piedra en cuya cima se halla la pequeña población dominada por la gran iglesia. Después de subir por la calle estrecha y empinada, penetré en la más admirable morada gótica construida por Dios en la tierra, vasta como una ciudad, con numerosos recintos de techo bajo, como aplastados por bóvedas y galerías superiores sostenidas por frágiles columnas. Entré en esa gigantesca joya de granito, ligera como un encaje, cubierta de torres, de esbeltos torreones, a los cuales se sube por intrincadas escaleras, que destacan en el cielo azul del día y negro de la noche sus extrañas cúpulas erizadas de quimeras, diablos, animales fantásticos y flores monstruosas, unidas entre sí por finos arcos labrados.&lt;br /&gt;Cuando llegué a la cumbre, dije al monje que me acompañaba:&lt;br /&gt;—¡Qué bien se debe estar aquí, padre!&lt;br /&gt;—Es un lugar muy ventoso, señor—me respondió. Y nos pusimos a conversar mientras mirábamos subir el mar, que avanzaba sobre la playa y parecía cubrirla con una coraza de acero.&lt;br /&gt;El monje me refirió historias, todas las viejas historias del lugar, leyendas, muchas leyendas.&lt;br /&gt;Una de ellas me impresionó mucho. Los nacidos en el monte aseguran que de noche se oyen voces en la playa y después se perciben los balidos de dos cabras, una de voz fuerte y la otra de voz débil. Los incrédulos afirman que son los graznidos de las aves marinas que se asemejan a balidos o a quejas humanas, pero los pescadores rezagados juran haber encontrado merodeando por las dunas, entre dos mareas y alrededor de la pequeña población tan alejada del mundo, a un viejo pastor cuya cabeza nunca pudieron ver por llevarla cubierta con su capa, y delante de él marchan un macho cabrío con rostro de hombre y una cabra con rostro de mujer; ambos tienen largos cabellos blancos y hablan sin cesar: discuten en una lengua desconocida, interrumpiéndose de pronto para balar con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;—¿Cree usted en eso?—pregunté al monje.&lt;br /&gt;—No sé—me contestó.&lt;br /&gt;Yo proseguí:&lt;br /&gt;—Si existieran en la tierra otros seres diferentes de nosotros, los conoceríamos desde hace mucho tiempo; ¿cómo es posible que no los hayamos visto usted ni yo?&lt;br /&gt;—¿Acaso vemos—me respondió—la cienmilésima parte de lo que existe? Observe por ejemplo el viento, que es la fuerza más poderosa de la naturaleza; el viento, que derriba hombres y edificios, que arranca de cuajo los árboles y levanta montañas de agua en el mar, que destruye los acantilados y que arroja contra ellos a las grandes naves, el viento que mata, silba, gime y ruge, ¿acaso lo ha visto alguna vez? ¿Acaso lo puede ver? Y sin embargo existe.&lt;br /&gt;Ante este sencillo razonamiento opté por callarme. Este hombre podía ser un sabio o tal vez un tonto. No podía afirmarlo con certeza, pero me llamé a silencio. Con mucha frecuencia había pensado en lo que me dijo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;3 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dormí mal; evidentemente, hay una influencia febril, pues mi cochero sufre del mismo mal que yo. Ayer, al regresar, observé su extraña palidez. Le pregunté:&lt;br /&gt;—¿Qué tiene, Jean?&lt;br /&gt;—Ya no puedo descansar; mis noches desgastan mis días. Desde la partida del señor parece que padezco una especie de hechizo.&lt;br /&gt;Los demás criados están bien, pero temo que me vuelvan las crisis.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;4 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Decididamente, las crisis vuelven a empezar. Vuelvo a tener las mismas pesadillas. Anoche sentí que alguien se inclinaba sobre mí y con su boca sobre la mía, bebía mi vida. Sí, la bebía con la misma avidez que una sanguijuela. Luego se incorporó saciado, y yo me desperté tan extenuado y aniquilado, que apenas podía moverme. Si eso se prolonga durante algunos días volveré a ausentarme.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;5 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿He perdido la razón? Lo que pasó, lo que vi anoche, ¡es tan extraño que cuando pienso en ello pierdo la cabeza!&lt;br /&gt;Había cerrado la puerta con llave, como todas las noches, y luego sentí sed, bebí medio vaso de agua y observé distraídamente que la botella estaba llena.&lt;br /&gt;Me acosté en seguida y caí en uno de mis espantosos sueños del cual pude salir cerca de dos horas después con una sacudida más horrible aún. Imagínense ustedes un hombre que es asesinado mientras duerme, que despierta con un cuchillo clavado en el pecho, jadeante y cubierto de sangre, que no puede respirar y que muere sin comprender lo que ha sucedido.&lt;br /&gt;Después de recobrar la razón, sentí nuevamente sed; encendí una bujía y me dirigí hacia la mesa donde había dejado la botella. La levanté inclinándola sobre el vaso, pero no había una gota de agua. Estaba vacía, ¡completamente vacía! Al principio no comprendí nada, pero de pronto sentí una emoción tan atroz que tuve que sentarme o, mejor dicho, me desplomé sobre una silla. Luego me incorporé de un salto para mirar a mi alrededor. Después volví a sentarme delante del cristal trasparente, lleno de asombro y terror. Lo observaba con la mirada fija, tratando de imaginarme lo que había pasado. Mis manos temblaban. ¿Quién se había bebido el agua? Yo, yo sin duda. ¿Quién podía haber sido sino yo? Entonces... yo era sonámbulo, y vivía sin saberlo esa doble vida misteriosa que nos hace pensar que hay en nosotros dos seres, o que a veces un ser extraño, desconocido e invisible anima, mientras dormimos, nuestro cuerpo cautivo que le obedece como a nosotros y más que a nosotros.&lt;br /&gt;¡Ah! ¿Quién podrá comprender mi abominable angustia? ¿Quién podrá comprender la emoción de un hombre mentalmente sano, perfectamente despierto y en uso de razón al contemplar espantado una botella que se ha vaciado mientras dormía? Y así permanecí hasta el amanecer sin atreverme a volver a la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;6 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Pierdo la razón. ¡Anoche también bebieron el agua de la botella, o tal vez la bebí yo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;10 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Acabo de hacer sorprendentes comprobaciones. ¡Decididamente estoy loco! Y sin embargo...&lt;br /&gt;El 6 de julio, antes de acostarme puse sobre la mesa vino, leche, agua, pan y fresas. Han bebido —o he bebido—toda el agua y un poco de leche. No han tocado el vino, ni el pan ni las fresas.&lt;br /&gt;El 7 de julio he repetido la prueba con idénticos resultados.&lt;br /&gt;El 8 de julio suprimí el agua y la leche, y no han tocado nada.&lt;br /&gt;Por último, el 9 de julio puse sobre la mesa solamente el agua y la leche, teniendo especial cuidado de envolver las botellas con lienzos de muselina blanca y de atar los tapones. Luego me froté con grafito los labios, la barba y las manos y me acosté.&lt;br /&gt;Un sueño irresistible se apoderó de mí, seguido poco después por el atroz despertar. No me había movido; ni siquiera mis sábanas estaban manchadas. Corrí hacia la mesa. Los lienzos que envolvían las botellas seguían limpios e inmaculados. Desaté los tapones, palpitante de emoción . ¡ Se habían bebido toda el agua y toda la leche! ¡Ah! ¡Dios mío!...&lt;br /&gt;Partiré inmediatamente hacia París.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;12 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;París. Estos últimos días había perdido la cabeza. Tal vez he sido juguete de mi enervada imaginación, salvo que yo sea realmente sonámbulo o que haya sufrido una de esas influencias comprobadas, pero hasta ahora inexplicables, que se llaman sugestiones. De todos modos, mi extravío rayaba en la demencia, y han bastado veinticuatro horas en París para recobrar la cordura. Ayer, después de paseos y visitas, que me han renovado y vivificado el alma, terminé el día en el Théatre-Francais. Representábase una pieza de Alejandro Dumas hijo. Este autor vivaz y pujante ha terminado de curarme. Es evidente que la soledad resulta peligrosa para las mentes que piensan demasiado. Necesitamos ver a nuestro alrededor a hombres que piensen y hablen. Cuando permanecemos solos durante mucho tiempo, poblamos de fantasmas el vacío.&lt;br /&gt;Regresé muy contento al hotel, caminando por el centro. Al codearme con la multitud, pensé, no sin ironía, en mis terrores y suposiciones de la semana pasada, pues creí, sí, creí que un ser invisible vivía bajo mi techo. Cuán débil es nuestra razón y cuán rápidamente se extravía cuando nos estremece un hecho incomprensible.&lt;br /&gt;En lugar de concluir con estas simples palabras : "Yo no comprendo porque no puedo explicarme las causas", nos imaginamos en seguida impresionantes misterios y poderes sobrenaturales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;14 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Fiesta de la República. He paseado por las calles. Los cohetes y banderas me divirtieron como a un niño. Sin embargo, me parece una tontería ponerse contento un día determinado por decreto del gobierno. El pueblo es un rebaño de imbéciles, a veces tonto y paciente, y otras, feroz y rebelde. Se le dice: "Diviértete". Y se divierte. Se le dice: "Ve a combatir con tu vecino". Y va a combatir. Se le dice: "Vota por el emperador". Y vota por el emperador. Después: "Vota por la República". Y vota por la República.&lt;br /&gt;Los que lo dirigen son igualmente tontos, pero en lugar de obedecer a hombres se atienen a principios, que por lo mismo que son principios sólo pueden ser necios, estériles y falsos, es decir, ideas consideradas ciertas e inmutables, tan luego en este mundo donde nada es seguro y donde la luz y el sonido son ilusorios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;16 de julio&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ayer he visto cosas que me preocuparon mucho. Cené en casa de mi prima, la señora Sablé, casada con el jefe del regimiento 76 de cazadores de Limoges. Conocí allí a dos señoras jóvenes, casada una de ellas con el doctor Parent que se dedica intensamente al estudio de las enfermedades nerviosas y de los fenómenos extraordinarios que hoy dan origen a las experiencias sobre hipnotismo y sugestión.&lt;br /&gt;Nos refirió detalladamente los prodigiosos resultados obtenidos por los sabios ingleses y por los médicos de la escuela de Nancy. Los hechos que expuso me parecieron tan extraños que manifesté mi incredulidad.&lt;br /&gt;—Estamos a punto de descubrir uno de los más importantes secretos de la naturaleza—decía el doctor Parent—, es decir, uno de sus más importantes secretos aquí en la tierra, puesto que hay evidentemente otros secretos importantes en las estrellas. Desde que el hombre piensa, desde que aprendió a expresar y a escribir su pensamiento, se siente tocado por un misterio impenetrable para sus sentidos groseros e imperfectos, y trata de suplir la impotencia de dichos sentidos mediante el esfuerzo de su inteligencia. Cuando la inteligencia permanecía aún en un estado rudimentario, la obsesión de los fenómenos invisibles adquiría formas comúnmente terroríficas. De ahí las creencias populares en lo sobrenatural. Las leyendas de las almas en pena, las hadas, los gnomos y los aparecidos; me atrevería a mencionar incluso la leyenda de Dios, pues nuestras concepciones del artífice creador de cualquier religión son las invenciones más mediocres, estúpidas e inaceptables que pueden salir de la mente atemorizada de los hombres. Nada es más cierto que este pensamiento de Voltaire: "Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza pero el hombre también ha procedido así con él.&lt;br /&gt;"Pero desde hace algo más de un siglo, parece percibirse algo nuevo. Mesmer y algunos otros nos señalan un nuevo camino y, efectivamente, sobre todo desde hace cuatro o cinco años, se han obtenido sorprendentes resultados."&lt;br /&gt;Mi prima, también muy incrédula, sonreía. El doctor Parent le dijo:&lt;br /&gt;—¿Quiere que la hipnotice, señora?&lt;br /&gt;—Sí; me parece bien.&lt;br /&gt;Ella se sentó en un sillón y él comenzó a mirarla fijamente. De improviso, me dominó la turbación, mi corazón latía con fuerza y sentía una opresión en la garganta. Veía cerrarse pesadamente los ojos de la señora Sablé, y su boca se crispaba y parecía jadear.&lt;br /&gt;Al cabo de diez minutos dormía.&lt;br /&gt;—Póngase detrás de ella—me dijo el médico.&lt;br /&gt;Obedecí su indicación, y él colocó en las manos de mi prima una tarjeta de visita al tiempo que le decía: "Esto es un espejo; ¿qué ve en él?"&lt;br /&gt;—Veo a mi primo—respondió.&lt;br /&gt;—¿Qué hace?&lt;br /&gt;—Se atusa el bigote. —¿ Y ahora ?&lt;br /&gt;-—Saca una fotografía del bolsillo.&lt;br /&gt;—¿Quién aparece en la fotografía?&lt;br /&gt;—Él, mi primo.&lt;br /&gt;¡Era cierto! Esa misma tarde me habían entregado esa fotografía en el hotel.&lt;br /&gt;—¿Cómo aparece en ese retrato?&lt;br /&gt;—Se halla de pie, con el sombrero en la mano. Evidentemente, veía en esa tarjeta de cartulina lo que hubiera visto en un espejo.&lt;br /&gt;Las damas decían espantadas: "¡Basta! ¡Basta, por favor!"&lt;br /&gt;Pero el médico ordenó: "Usted se levantará mañana a las ocho; luego irá a ver a su primo al hotel donde se aloja, y le pedirá que le preste los cinco mil francos que le pide su esposo y que le reclamará cuando regrese de su próximo viaje". Luego la despertó.&lt;br /&gt;Mientras regresaba al hotel pensé en esa curiosa sesión y me asaltaron dudas, no sobre la insospechable, la total buena fe de mi prima a quien conocía desde la infancia como a una hermana, sino sobre la seriedad del médico. ¿No escondería en su mano un espejo que mostraba a la joven dormida, al mismo tiempo que la tarjeta?&lt;br /&gt;Los prestidigitadores profesionales hacen cosas semejantes.&lt;br /&gt;No bien regresé me acosté.&lt;br /&gt;Pero a las ocho y media de la mañana me despertó mi mucamo y me dijo:&lt;br /&gt;—La señora Sablé quiere hablar inmediatamente con el señor.&lt;br /&gt;Me vestí de prisa y la hice pasar.&lt;br /&gt;Sentóse muy turbada y me dijo sin levantar la mirada ni quitarse el velo:&lt;br /&gt;—Querido primo, tengo que pedirle un gran favor.&lt;br /&gt;—¿De qué se trata, prima?&lt;br /&gt;—Me cuesta mucho decirlo, pero no tengo más remedio. Necesito urgentemente cinco mil francos.&lt;br /&gt;—Pero cómo, ¿tan luego usted?&lt;br /&gt;—Sí, yo, o mejor dicho mi esposo, que me ha encargado conseguirlos.&lt;br /&gt;Me quedé tan asombrado que apenas podía balbucear mis respuestas. Pensaba que ella y el doctor Parent se estaba burlando de mí, y que eso podía ser una mera farsa preparada de antemano y representada a la perfección.&lt;br /&gt;Pero todas mis dudas se disiparon cuando la observé con atención. Temblaba de angustia. Evidentemente esta gestión le resultaba muy penosa y advertí que apenas podía reprimir el llanto.&lt;br /&gt;Sabía que era muy rica y le dije:&lt;br /&gt;—¿Cómo es posible que su esposo no disponga de cinco mil francos? Reflexione. ¿Está segura de que le ha encargado pedírmelos a mí?&lt;br /&gt;Vaciló durante algunos segundos como si le costara mucho recordar, y luego respondió:&lt;br /&gt;—Sí... sí... estoy segura.&lt;br /&gt;—¿Le ha escrito?&lt;br /&gt;Vaciló otra vez y volvió a pensar. Advertí el penoso esfuerzo de su mente. No sabía. Sólo recordaba que debía pedirme ese préstamo para su esposo. Por consiguiente, se decidió a mentir.&lt;br /&gt;—Sí, me escribió.&lt;br /&gt;—¿Cuándo? Ayer no me dijo nada.&lt;br /&gt;—Recibí su carta esta mañana.&lt;br /&gt;—¿Puede enseñármela?&lt;br /&gt;—No, no... contenía cosas íntimas... demasiado personales... y la he... la he quemado.&lt;br /&gt;—Así que su marido tiene deudas.&lt;br /&gt;Vaciló una vez más y luego murmuró:&lt;br /&gt;—No lo sé.&lt;br /&gt;Bruscamente le dije:&lt;br /&gt;—Pero en este momento, querida prima, no dispongo de cinco mil francos.&lt;br /&gt;Dio una especie de grito de desesperación:&lt;br /&gt;—¡Ay! ¡Por favor! Se lo ruego! Trate de conseguirlos . . .&lt;br /&gt;Exaltada, unía sus manos como si se tratara de un ruego. Su voz cambió de tono; lloraba murmurando cosas ininteligibles, molesta y dominada por la orden irresistible que había recibido.&lt;br /&gt;—¡Ay! Le suplico... si supiera cómo sufro... los necesito para hoy. Sentí piedad por ella.&lt;br /&gt;—Los tendrá de cualquier manera. Se lo prometo.&lt;br /&gt;—¡Oh! ¡Gracias, gracias! ¡Qué bondadoso es usted !&lt;br /&gt;—¿Recuerda lo que pasó anoche en su casa?—le pregunté entonces.&lt;br /&gt;—Sí.&lt;br /&gt;—¿Recuerda que el doctor Parent la hipnotizó?&lt;br /&gt;— Sí..&lt;br /&gt;—Pues bien, fue él quien le ordenó venir esta mañana a pedirme cinco mil francos, y en este momento usted obedece a su sugestión.&lt;br /&gt;Reflexionó durante algunos instantes y luego respondió:&lt;br /&gt;—Pero es mi esposo quien me los pide. Durante una hora traté infructuosamente de convencerla. Cuando se fue, corrí a casa del doctor Parent. Me dijo:&lt;br /&gt;—¿Se ha convencido ahora?&lt;br /&gt;—Sí, no hay más remedio que creer.&lt;br /&gt;—Vamos a ver a su prima.&lt;br /&gt;Cuando llegamos dormitaba en un sofá, rendida por el cansancio. El médico le tomó el pulso, la miró durante algún tiempo con una mano extendida hacia sus ojos que la joven cerró debido al influjo irresistible del poder magnético.&lt;br /&gt;Cuando se durmió, el doctor Parent le dijo:&lt;br /&gt;—¡Su esposo no necesita los cinco mil francos! Por lo tanto, usted debe olvidar que ha rogado a su primo para que se los preste, y si le habla de eso, usted no comprenderá.&lt;br /&gt;Luego le despertó. Entonces saqué mi billetera.&lt;br /&gt;—Aquí tiene, querida prima. Lo que me pidió esta mañana .&lt;br /&gt;Se mostró tan sorprendida que no me atreví a insistir. Traté, sin embargo, de refrescar su memoria, pero negó todo enfáticamente, creyendo que me burlaba, y poco faltó para que se enojase.&lt;br /&gt;. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .&lt;br /&gt;Acabo de regresar. La experiencia me ha impresionado tanto que no he podido almorzar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;19 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Muchas personas a quienes he referido esta aventura se han reído de mí. Ya no sé qué pensar. El sabio dijo: "Quizá".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;21 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cené en Bougival y después estuve en el baile de los remeros. Decididamente, todo depende del lugar y del medio. Creer en lo sobrenatural en la isla de la Grenouillère sería el colmo del desatino... pero ¿no es así en la cima del monte Saint-Michel, y en la India? Sufrimos la influencia de lo que nos rodea. Regresaré a casa la semana próxima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;30 de julio&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ayer he regresado a casa. Todo está bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;2 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No hay novedades. Hace un tiempo espléndido. Paso los días mirando correr el Sena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;4 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Hay problemas entre mis criados. Aseguran que alguien rompe los vasos en los armarios por la noche. El mucamo acusa a la cocinera y ésta a la lavandera quien a su vez acusa a los dos primeros. ¿Quién es el culpable? El tiempo lo dirá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;6 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Esta vez no estoy loco. Lo he visto... ¡lo he visto! Ya no tengo la menor duda. . . ¡lo he visto! Aún siento frío hasta en las uñas. . . el miedo me penetra hasta la médula... ¡Lo he visto!...&lt;br /&gt;A las dos de la tarde me paseaba a pleno sol por mi rosedal; caminaba por el sendero de rosales de otoño que comienzan a florecer.&lt;br /&gt;Me detuve a observar un hermoso ejemplar de géant des batailles, que tenía tres flores magníficas, y vi entonces con toda claridad cerca de mí que el tallo de una de las rosas se doblaba como movido por una mano invisible: ¡luego, vi que se quebraba como si la misma mano lo cortase! Luego la flor se elevó, siguiendo la curva que habría descrito un brazo al llevarla hacia una boca y permaneció suspendida en el aire trasparente, muy sola e inmóvil, como una pavorosa mancha a tres pasos de mí.&lt;br /&gt;Azorado, me arrojé sobre ella para tomarla. Pero no pude hacerlo: había desaparecido. Sentí entonces rabia contra mí mismo, pues no es posible que una persona razonable tenga semejantes alucinaciones .&lt;br /&gt;Pero, ¿tratábase realmente de una alucinación? Volví hacia el rosal para buscar el tallo cortado e inmediatamente lo encontré, recién cortado, entre las dos rosas que permanecían en la rama. Regresé entonces a casa con la mente alterada; en efecto, ahora estoy convencido, seguro como de la alternancia de los días y las noches, de que existe cerca de mí un ser invisible, que se alimenta de leche y agua, que puede tocar las cosas, tomarlas y cambiarlas de lugar; dotado, por consiguiente, de un cuerpo material aunque imperceptible para nuestros sentidos, y que habita en mi casa como yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;7 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Dormí tranquilamente. Se ha bebido el agua de la botella pero no perturbó mi sueño.&lt;br /&gt;Me pregunto si estoy loco. Cuando a veces me paseo a pleno sol, a lo largo de la costa, he dudado de mi razón; no son ya dudas inciertas como las que he tenido hasta ahora, sino dudas precisas, absolutas. He visto locos. He conocido algunos que seguían siendo inteligentes, lúcidos y sagaces en todas las cosas de la vida menos en un punto. Hablaban de todo con claridad, facilidad y profundidad, pero de pronto su pensamiento chocaba contra el escollo de la locura y se hacía pedazos, volaba en fragmentos y se hundía en ese océano siniestro y furioso, lleno de olas fragorosas, brumosas y borrascosas que se llama "demencia ".&lt;br /&gt;Ciertamente, estaría convencido de mi locura, si no tuviera perfecta conciencia de mi estado, al examinarlo con toda lucidez. En suma, yo sólo sería un alucinado que razona. Se habría producido en mi mente uno de esos trastornos que hoy tratan de estudiar y precisar los fisiólogos modernos, y dicho trastorno habría provocado en mí una profunda ruptura en lo referente al orden y a la lógica de las ideas. Fenómenos semejantes se producen en el sueño, que nos muestra las fantasmagorías más inverosímiles sin que ello nos sorprenda, porque mientras duerme el aparato verificador, el sentido del control, la facultad imaginativa vigila y trabaja. ¿Acaso ha dejado de funcionar en mí una de las imperceptibles teclas del teclado cerebral? Hay hombres que a raíz de accidentes pierden la memoria de los nombres propios, de las cifras o solamente de las fechas. Hoy se ha comprobado la localización de todas las partes del pensamiento. No puede sorprender entonces que en este momento se haya disminuido mi facultad de controlar la irrealidad de ciertas alucinaciones.&lt;br /&gt;Pensaba en todo ello mientras caminaba por la orilla del río. El sol iluminaba el agua, sus rayos embellecían la tierra y llenaban mis ojos de amor por la vida, por las golondrinas cuya agilidad constituye para mí un motivo de alegría, por las hierbas de la orilla cuyo estremecimiento es un placer para mis oídos.&lt;br /&gt;Sin embargo, paulatinamente me invadía un malestar inexplicable. Me parecía que una fuerza desconocida me detenía, me paralizaba, impidiéndome avanzar, y que trataba de hacerme volver atrás. Sentí ese doloroso deseo de volver que nos oprime cuando hemos dejado en nuestra casa a un enfermo querido y presentimos una agravación del mal.&lt;br /&gt;Regresé entonces, a pesar mío, convencido de que encontraría en casa una mala noticia, una carta o un telegrama. Nada de eso había, y me quedé más sorprendido e inquieto aún que si hubiese tenido una nueva visión fantástica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;8 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Pasé una noche horrible. Él no ha aparecido más, pero lo siento cerca de mí. Me espía, me mira, se introduce en mí y me domina. Así me resulta más temible, pues al ocultarse de este modo parece manifestar su presencia invisible y constante mediante fenómenos sobrenaturales.&lt;br /&gt;Sin embargo he podido dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;9 de agosto&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Nada ha sucedido. pero tengo miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;10 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Nada: ¿qué sucederá mañana?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;11 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Nada, siempre nada; no puedo quedarme aquí con este miedo y estos pensamientos que dominan mi mente; me voy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;12 de agosto, 10 de la noche&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el día he tratado de partir, pero no he podido. He intentado realizar ese acto tan fácil y sencillo—salir, subir en mi coche para dirigirme a Ruán—y no he podido. ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;13 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cuando nos atacan ciertas enfermedades nuestros mecanismos físicos parecen fallar. Sentimos que nos faltan las energías y que todos nuestros músculos se relajan; los huesos parecen tan blandos como la carne y la carne tan líquida como el agua. Todo eso repercute en mi espíritu de manera extraña y desoladora. Carezco de fuerzas y de valor; no puedo dominarme y ni siquiera puedo hacer intervenir mi voluntad. Ya no tengo iniciativa; pero alguien lo hace por mí, y yo obedezco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;14 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;¡Estoy perdido! ¡Alguien domina mi alma y la dirige! Alguien ordena todos mis actos, mis movimientos y mis pensamientos. Ya no soy nada en mí; no soy más que un espectador prisionero y aterrorizado por todas las cosas que realizo. Quiero salir y no puedo. Él no quiere y tengo que quedarme, azorado y tembloroso, en el sillón donde me obliga a sentarme. Sólo deseo levantarme, incorporarme para sentirme todavía dueño de mí. ¡Pero no puedo! Estoy clavado en mi asiento, y mi sillón se adhiere al suelo de tal modo que no habría fuerza capaz de movernos.&lt;br /&gt;De pronto, siento la irresistible necesidad de ir al huerto a cortar fresas y comerlas. Y voy. Corto fresas y las como. ¡Oh Dios mío! ¡Dios mío! ¿Será acaso un Dios? Si lo es, ¡salvadme! ¡Libradme! ¡Socorredme! ¡Perdón! ¡Piedad! ¡Misericordia! ¡Salvadme! ¡Oh, qué sufrimiento! ¡Qué suplicio! ¡Qué horror!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;15 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Evidentemente, así estaba poseída y dominada mi prima cuando fue a pedirme cinco mil francos. Obedecía a un poder extraño que había penetrado en ella como otra alma, como un alma parásita y dominadora. ¿Es acaso el fin del mundo? Pero, ¿quién es el ser invisible que me domina? ¿Quién es ese desconocido, ese merodeador de una raza sobrenatural?&lt;br /&gt;Por consiguiente, ¡los invisibles existen! ¿Pero cómo es posible que aún no se hayan manifestado desde el origen del mundo en una forma tan evidente como se manifiestan en mí? Nunca leí nada que se asemejara a lo que ha sucedido en mi casa. Si pudiera abandonarla, irme, huir y no regresar más, me salvaría, pero no puedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;16 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hoy pude escaparme durante dos horas, como un preso que encuentra casualmente abierta la puerta de su calabozo. De pronto, sentí que yo estaba libre y que él se hallaba lejos. Ordené uncir los caballos rápidamente y me dirigí a Ruán. Qué alegría poder decirle a un hombre que obedece: "¡Vamos a Ruán!"&lt;br /&gt;Hice detener la marcha frente a la biblioteca donde solicité en préstamo el gran tratado del doctor Hermann Herestauss sobre los habitantes desconocidos del mundo antiguo y moderno.&lt;br /&gt;Después, cuando me disponía a subir a mi coche, quise decir: "¡A la estación!" y grité—no dije, grité—con una voz tan fuerte que llamó la atención de los transeúntes: "A casa", y caí pesadamente, loco de angustia, en el asiento. Él me había encontrado y volvía a posesionarse de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;17 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;¡Ah! ¡Qué noche! ¡Qué noche! Y sin embargo me parece que debería alegrarme. Leí hasta la una de la madrugada. Hermann Herestauss, doctor en filosofía y en teogonía, ha escrito la historia y las manifestaciones de todos los seres invisibles que merodean alrededor del hombre o han sido soñados por él. Describe sus orígenes, sus dominios y sus poderes. Pero ninguno de ellos se parece al que me domina. Se diría que el hombre, desde que pudo pensar, presintió y temió la presencia de un ser nuevo más fuerte que él —su sucesor en el mundo—y que como no pudo prever la naturaleza de este amo, creó, en medio de su terror, todo ese mundo fantástico de seres ocultos y de fantasmas misteriosos surgidos del miedo. Después de leer hasta la una de la madrugada, me senté junto a mi ventana abierta para refrescarme la cabeza y el pensamiento con la apacible brisa de la noche.&lt;br /&gt;Era una noche hermosa y tibia, que en otra ocasión me hubiera gustado mucho.&lt;br /&gt;No había luna. Las estrellas brillaban en las profundidades del cielo con estremecedores destellos.&lt;br /&gt;¿Quién vive en aquellos mundos? ¿Qué formas, qué seres vivientes, animales o plantas, existirán allí? Los seres pensantes de esos universos, ¿serán más sabios y más poderosos que nosotros? ¿Conocerán lo que nosotros ignoramos? Tal vez cualquiera de estos días uno de ellos atravesará el espacio y llegará a la tierra para conquistarla, así como antiguamente los normandos sometían a los pueblos más débiles.&lt;br /&gt;Somos tan indefensos, inermes, ignorantes y pequeños, sobre este trozo de lodo que gira disuelto en una gota de agua.&lt;br /&gt;Pensando en eso, me adormecí en medio del fresco viento de la noche.&lt;br /&gt;Pero después de dormir unos cuarenta minutos, abrí los ojos sin hacer un movimiento, despertado por no sé qué emoción confusa y extraña. En un principio no vi nada, pero de pronto me pareció que una de las páginas del libro que había dejado abierto sobre la mesa acababa de darse vuelta sola. No entraba ninguna corriente de aire por la ventana. Esperé, sorprendido. Al cabo de cuatro minutos, vi, sí, vi con mis propios ojos, que una nueva página se levantaba y caía sobre la otra, como movida por un dedo. Mi sillón estaba vacío, aparentemente estaba vacío, pero comprendí que él estaba leyendo allí, sentado en mi lugar. ¡Con un furioso salto, un salto de fiera irritada que se rebela contra el domador, atravesé la habitación para atraparlo, estrangularlo y matarlo! Pero antes de que llegara, el sillón cayó delante de mí como si él hubiera huido. . . la mesa osciló, la lámpara rodó por el suelo y se apagó, y la ventana se cerró como si un malhechor sorprendido hubiese escapado por la oscuridad, tomando con ambas manos los batientes.&lt;br /&gt;Había escapado; había sentido miedo, ¡miedo de mí!&lt;br /&gt;Entonces, mañana. . . pasado mañana o cualquier a de estos... podré tenerlo bajo mis puños y aplastarlo contra el suelo. ¿Acaso a veces los perros no muerden y degüellan a sus amos?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;18 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;He pensado durante todo el día. ¡Oh!, sí, voy a obedecerle, seguiré sus impulsos, cumpliré sus deseos, seré humilde, sumiso y cobarde. Él es más fuerte. Hasta que llegue el momento...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;19 de agosto &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ya sé. . . ya sé todo! Acabo de leer lo que sigue en la Revista del Mundo Científico: "Nos llega una noticia muy curiosa de Río de Janeiro. Una epidemia de locura, comparable a las demencias contagiosas que asolaron a los pueblos europeos en la Edad Media, se ha producido en el Estado de San Pablo. Los habitantes despavoridos abandonan sus casas y huyen de los pueblos, dejan sus cultivos, creyéndose poseídos y dominados, como un rebaño humano, por seres invisibles aunque tangibles, por especies de vampiros que se alimentan de sus vidas mientras los habitantes duermen, y que además beben agua y leche sin apetecerles aparentemente ningún otro alimento.&lt;br /&gt;"El profesor don Pedro Henríquez, en compañía de varios médicos eminentes, ha partido para el Estado de San Pablo, a fin de estudiar sobre el terreno el origen y las manifestaciones de esta sorprendente locura, y poder aconsejar al Emperador las medidas que juzgue convenientes para apaciguar a los delirantes pobladores."&lt;br /&gt;¡Ah! ¡Ahora recuerdo el hermoso bergantín brasileño que pasó frente a mis ventanas remontando el Sena, el 8 de mayo último! Me pareció tan hermoso, blanco y alegre. Allí estaba él que venía de lejos, ¡del lugar de donde es originaria su raza! ¡Y me vio! Vio también mi blanca vivienda, y saltó del navío a la costa. ¡Oh Dios mío!&lt;br /&gt;Ahora ya lo sé y lo presiento: el reinado del hombre ha terminado.&lt;br /&gt;Ha venido aquel que inspiró los primeros terrores de los pueblos primitivos. Aquel que exorcizaban los sacerdotes inquietos y que invocaban los brujos en las noches oscuras, aunque sin verlo todavía. Aquel a quien los presentimientos de los transitorios dueños del mundo adjudicaban formas monstruosas o graciosas de gnomos, espíritus, genios, hadas y duendes. Después de las groseras concepciones del espanto primitivo, hombres más perspicaces han presentido con mayor claridad. Mesmer lo sospechaba, y hace ya diez años que los médicos han descubierto la naturaleza de su poder de manera precisa, antes de que él mismo pudiera ejercerlo. Han jugado con el arma del nuevo Señor, con una facultad misteriosa sobre el alma humana. La han denominado magnetismo, hipnotismo, sugestión. . . ¡qué sé yo! ¡Los he visto divertirse como niños imprudentes con este terrible poder! ¡Desgraciados de nosotros! ¡Desgraciado del hombre! Ha llegado el... el... ¿cómo se llama?. . . el . . . parece qué me gritara su nombre y no lo oyese. . . el. . . sí. . . grita. . . Escucho... ¿cómo?... repite... el... Horla... He oído. . . el Horla. . . es él. . . ¡el Horla. . . ha llegado! . . .&lt;br /&gt;¡Ah! El buitre se ha comido la paloma, el lobo ha devorado el cordero; el león ha devorado el búfalo de agudos cuernos: el hombre ha dado muerte al león con la flecha, el puñal y la pólvora, pero el Horla hará con el hombre lo que nosotros hemos hecho con el caballo y el buey: lo convertirá en su cosa, su servidor y su alimento, por el solo poder de su voluntad. ¡Desgraciados de nosotros!&lt;br /&gt;No obstante, a veces el animal se rebela y mata a quien lo domestica... yo también quiero... yo podría hacer lo mismo... pero primero hay que conocerlo, tocarlo y verlo. Los sabios afirman que los ojos de los animales no distinguen las mismas cosas que los nuestros. . . Y mis ojos no pueden distinguir al recién llegado que me oprime. ¿Por qué? ¡Oh! Recuerdo ahora las palabras del monje del monte Saint-Michel: "¿Acaso vemos la cienmilésima parte de lo que existe? Observe, por ejemplo, el viento que es la fuerza más poderosa de la naturaleza, el viento que derriba hombres y edificios, que arranca de cuajo los árboles, y levanta montañas de agua en el mar, que destruye los acantilados y arroja contra ellos a las grandes naves; el viento, que silba, gime y ruge. ¿Acaso lo ha visto usted alguna vez? ¿Acaso puede verlo? ¡Y sin embargo existe!"&lt;br /&gt;Y yo seguía pensando: mis ojos son tan débiles e imperfectos que ni siquiera distinguen los cuerpos sólidos cuando son trasparentes como el vidrio. . . Si un espejo sin azogue obstruye mi camino chocaré contra él como el pájaro que penetra en una habitación y se rompe la cabeza contra los vidrios. Por lo demás, mil cosas nos engañan y desorientan. No puede extrañar entonces que el hombre no sepa percibir un cuerpo nuevo que atraviesa la luz.&lt;br /&gt;¡Un ser nuevo! ¿Por qué no? ¡No podía dejar de venir! ¿ Por qué nosotros íbamos a ser los últimos? Nosotros no los distinguimos pero tampoco nos distinguían los seres creados antes que nosotros. Ello se explica porque su naturaleza es más perfecta, más elaborada y mejor terminada que la nuestra, tan endeble y torpemente concebida, trabada por órganos siempre fatigados, siempre forzados como mecanismos demasiado complejos, que vive como una planta o como un animal, nutriéndose penosamente de aire, hierba y carne, máquina animal acosada por las enfermedades, las deformaciones y las putrefacciones; que respira con dificultad, imperfecta, primitiva y extraña, ingeniosamente mal hecha, obra grosera y delicada, bosquejo del ser que podría convertirse en inteligente y poderoso.&lt;br /&gt;Existen muchas especies en este mundo, desde la ostra al hombre. ¿Por qué no podría aparecer una más, después de cumplirse el período que separa las sucesivas apariciones de las diversas especies?&lt;br /&gt;¿Por qué no puede aparecer una más? ¿Por qué no pueden surgir también nuevas especies de árboles de flores gigantescas y resplandecientes que perfumen regiones enteras? ¿Por qué no pueden aparecer otros elementos que no sean el fuego, el aire, la tierra y el agua? ¡Sólo son cuatro, nada más que cuatro, esos padres que alimentan a los seres! ¡Qué lástima! ¿Por qué no serán cuarenta, cuatrocientos o cuatro mil? ¡Todo es pobre, mezquino, miserable! ¡Todo se ha dado con avaricia, se ha inventado secamente y se ha hecho con torpeza! ¡Ah! ¡Cuánta gracia hay en el elefante y el hipopótamo! ¡Qué elegante es el camello!&lt;br /&gt;Se podrá decir que la mariposa es una flor que vuela. Yo sueño con una que sería tan grande como cien universos, con alas cuya forma, belleza, color y movimiento ni siquiera puedo describir. Pero lo veo. . . va de estrella a estrella, refrescándolas y perfumándolas con el soplo armonioso y ligero de su vuelo. . . Y los pueblos que allí habitan la miran pasar, extasiados y maravillados . . .&lt;br /&gt;¿Qué es lo que tengo? Es el Horla que me hechiza, que me hace pensar esas locuras. Está en mí, se convierte en mi alma. ¡Lo mataré!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;19 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Lo mataré. ¡Lo he visto! Anoche yo estaba sentado a la mesa y simulé escribir con gran atención. Sabía perfectamente que vendría a rondar a mi alrededor, muy cerca, tan cerca que tal vez podría tocarlo y asirlo. ¡Y entonces!... Entonces tendría la fuerza de los desesperados; dispondría de mis manos, mis rodillas, mi pecho, mi frente y mis dientes para estrangularlo, aplastarlo, morderlo y despedazarlo.&lt;br /&gt;Yo acechaba con todos mis sentidos sobreexcitados.&lt;br /&gt;Había encendido las dos lámparas y las ocho bujías de la chimenea, como si fuese posible distinguirlo con esa luz.&lt;br /&gt;Frente a mí está mi cama, una vieja cama de roble, a la derecha la chimenea; a la izquierda la puerta cerrada cuidadosamente, después de dejarla abierta durante largo rato a fin de atraerlo; detrás de mí un gran armario con espejos que todos los días me servía para afeitarme y vestirme y donde acostumbraba mirarme de pies a cabeza cuando pasaba frente a él.&lt;br /&gt;Como dije antes, simulaba escribir para engañarlo, pues él también me espiaba. De pronto, sentí, sentí, tuve la certeza de que leía por encima de mi hombro, de que estaba allí rozándome la oreja. Me levanté con las manos extendidas, girando con tal rapidez que estuve a punto de caer. Pues bien... se veía como si fuera pleno día, ¡y sin embargo no me vi en el espejo!... ¡Estaba vacío, claro, profundo y resplandeciente de luz! ¡Mi imagen no aparecía y yo estaba frente a él! Veía aquel vidrio totalmente límpido de arriba abajo. Y lo miraba con ojos extraviados; no me atrevía a avanzar, y ya no tuve valor para hacer un movimiento más. Sentía que él estaba allí, pero que se me escaparía otra vez, con su cuerpo imperceptible que me impedía reflejarme en el espejo. ¡Cuánto miedo sentí! De pronto, mi imagen volvió a reflejarse pero como si estuviese envuelta en la bruma, como si la observase a través de una capa de agua. Me parecía que esa agua se deslizaba lentamente de izquierda a derecha y que paulatinamente mi imagen adquiría mayor nitidez. Era como el final de un eclipse. Lo que la ocultaba no parecía tener contornos precisos; era una especie de trasparencia opaca, que poco a poco se aclaraba.&lt;br /&gt;Por último, pude distinguirme completamente como todos los días.&lt;br /&gt;¡Lo había visto! Conservo el espanto que aún me hace estremecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;20 de agosto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo podré matarlo si está fuera de mi alcance?&lt;br /&gt;¿Envenenándolo? Pero él me verá mezclar el veneno en el agua y tal vez nuestros venenos no tienen ningún efecto sobre un cuerpo imperceptible. No... no... decididamente no. Pero entonces... ¿qué haré entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;21 de agosto&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;He llamado a un cerrajero de Ruán y le he encargado persianas metálicas como las que tienen algunas residencias particulares de París, en la planta baja, para evitar los robos. Me haré además una puerta similar. Me debe haber tomado por un cobarde, pero no importa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;10 de setiembre&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ruán, Hotel Continental. Ha sucedido.. . ha sucedido... pero, ¿habrá muerto? Lo que vi me ha trastornado.&lt;br /&gt;Ayer, después que el cerrajero colocó la persiana y la puerta de hierro, dejé todo abierto hasta medianoche a pesar de que comenzaba a hacer frío. De improviso, sentí que estaba aquí y me invadió la alegría, una enorme alegría. Me levanté lentamente y caminé en cualquier dirección durante algún tiempo para que no sospechase nada. Luego me quité los botines y me puse distraídamente unas pantuflas. Cerré después la persiana metálica y regresé con paso tranquilo hasta la puerta, cerrándola también con dos vueltas de llave. Regresé entonces hacia la ventana, la cerré con un candado y guardé la llave en el bolsillo.&lt;br /&gt;De pronto, comprendí que se agitaba a mi alrededor, que él también sentía miedo, y que me ordenaba que le abriera. Estuve a punto de ceder, pero no lo hice. Me acerqué a la puerta y la entreabrí lo suficiente como para poder pasar retrocediendo, y como soy muy alto mi cabeza llegaba hasta el dintel. Estaba seguro de que no había podido escapar y allí lo acorralé solo, completamente solo. ¡Qué alegría! ¡Había caído en mi poder! Entonces descendí corriendo a la planta baja; tomé las dos lámparas que se hallaban en la sala situada debajo de mi habitación, y, con el aceite que contenían rocié la alfombra, los muebles, todo. Luego les prendí fuego, y me puse a salvo después de cerrar bien, con dos vueltas de llave, la puerta de entrada.&lt;br /&gt;Me escondí en el fondo de mi jardín tras un macizo de laureles. ¡Qué larga me pareció la espera! Reinaba la más completa oscuridad, gran quietud y silencio; no soplaba la menor brisa, no había una sola estrella, nada más que montañas de nubes que aunque no se veían hacían sentir su gran peso sobre mi alma.&lt;br /&gt;Miraba mi casa y esperaba. ¡Qué larga era la espera! Creía que el fuego ya se había extinguido por sí solo o que él lo había extinguido. Hasta que vi que una de las ventanas se hacía astillas debido a la presión del incendio, y una gran llamarada roja y amarilla, larga, flexible y acariciante, ascender por la pared blanca hasta rebasar el techo. Una luz se reflejó en los árboles, en las ramas y en las hojas, y también un estremecimiento, ¡un estremecimiento de pánico! Los pájaros se despertaban; un perro comenzó a ladrar; parecía que iba a amanecer. De inmediato, estallaron otras ventanas, y pude ver que toda la planta baja de mi casa ya no era más que un espantoso brasero. Pero se oyó un grito en medio de la noche, un grito de mujer horrible, sobreagudo y desgarrador, al tiempo que se abrían las ventanas de dos buhardillas. ¡Me había olvidado de los criados! ¡Vi sus rostros enloquecidos y sus brazos que se agitaban!...&lt;br /&gt;Despavorido, eché a correr hacia el pueblo gritando: "¡Socorro! ¡Socorro! ¡Fuego! ¡Fuego!" Encontré gente que ya acudía al lugar y regresé con ellos para ver.&lt;br /&gt;La casa ya sólo era una hoguera horrible y magnífica, una gigantesca hoguera que iluminaba la tierra, una hoguera donde ardían los hombres, y él también. Él, mi prisionero, el nuevo Ser, el nuevo amo, ¡el Horla!&lt;br /&gt;De pronto el techo entero se derrumbó entre las paredes y un volcán de llamas ascendió hasta el cielo. Veía esa masa de fuego por todas las ventanas abiertas hacia ese enorme horno, y pensaba que él estaría allí, muerto en ese horno...&lt;br /&gt;¿Muerto? ¿Será posible? ¿Acaso su cuerpo, que la luz atravesaba, podía destruirse por los mismos medios que destruyen nuestros cuerpos?&lt;br /&gt;¿Y si no hubiera muerto? Tal vez sólo el tiempo puede dominar al Ser Invisible y Temido. ¿Para qué ese cuerpo trasparente, ese cuerpo invisible, ese cuerpo de Espíritu, si también está expuesto a los males, las heridas, las enfermedades y la destrucción prematura?&lt;br /&gt;¿La destrucción prematura? ¡Todo el temor de la humanidad procede de ella! Después del hombre, el Horla. Después de aquel que puede morir todos los días, a cualquier hora, en cualquier minuto, en cualquier accidente, ha llegado aquel que morirá solamente un día determinado en una hora y en un minuto determinado, al llegar al límite de su vida.&lt;br /&gt;No... no... no hay duda, no hay duda... no ha muerto. . . entonces tendré que suicidarme. . .&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffff66;"&gt;Traducción © 1988 Ricardo Zelerayán&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8531287179866804568-102136020262207398?l=vampirosca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/102136020262207398/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8531287179866804568&amp;postID=102136020262207398' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/102136020262207398'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/102136020262207398'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/2008/11/el-horla-por-guy-de-maupassant.html' title='EL HORLA. Por Guy de Maupassant'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8531287179866804568.post-779956557761333350</id><published>2008-11-11T13:12:00.000-08:00</published><updated>2008-11-11T13:15:21.501-08:00</updated><title type='text'>EL VAMPIRO -1816- Por John Polidori</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Sucedió en medio de las disipaciones de un duro invierno en Londres. Apareció en diversas fiestas de los personajes más importantes de la vida nocturna y diurna de la capital inglesa, un noble, más notable por sus peculiaridades que por su rango.&lt;br /&gt;Miraba a su alrededor como si no participara de las diversiones generales. Aparentemente, sólo atraían su atención las risas de los demás, como si pudiera acallarlas a su voluntad y amedrentar aquellos pechos donde reinaba la alegría y la despreocupación.&lt;br /&gt;Los que experimentaban esta sensación de temor no sabían explicar cual era su causa. Algunos la atribuían a la mirada gris y fija, que penetraba hasta lo más hondo de una conciencia, hasta lo más profundo de un corazón. Aunque lo cierto era que la mirada sólo recaía sobre una mejilla con un rayo de plomo que pesaba sobre la piel que no lograba atravesar.&lt;br /&gt;Sus rarezas provocaban una serie de invitaciones a las principales mansiones de la capital. Todos deseaban verle, y quienes se hallaban acostumbrados a la excitación violenta, y experimentaban el peso del "ennui", estaban sumamente contentos de tener algo ante ellos capaz de atraer su atención de manera intensa.&lt;br /&gt;A pesar del matiz mortal de su semblante, que jamás se coloreaba con un tinte rosado ni por modestia ni por la fuerte emoción de la pasión, pese a que sus facciones y su perfil fuesen bellos, muchas damas que andaban siempre en busca de notoriedad trataban de conquistar sus atenciones y conseguir al menos algunas señales de afecto. Lady Mercer, que había sido la burla de todos los monstruos arrastrados a sus aposentos particulares después de su casamiento, se interpuso en su paso, e hizo cuanto pudo para llamar su atención... pero en vano. Cuando la joven se hallaba ante él, aunque los ojos del misterioso personaje parecían fijos en ella, no parecían darse cuenta de su presencia. Incluso su imprudencia parecía pasar desapercibida a los ojos del caballero, por lo que, cansada de su fracaso, abandonó la lucha.&lt;br /&gt;Mas aunque las vulgares adúlteras no lograron influir en la dirección de aquella mirada, el noble no era indiferente al bello sexo, si bien era tal la cautela con que se dirigía tanto a la esposa virtuosa como a la hija inocente, que muy pocos sabían que hablase también con las mujeres.&lt;br /&gt;Sin embargo, pronto se ganó la fama de poseer una lengua meritoria. Y bien fuese porque la misma superaba al temor que inspiraba aquel carácter tan singular, o porque las damas se quedaron perturbadas ante su aparente odio del vicio, el caballero no tardó en contar con admiradoras tanto entre las mujeres que se ufanaban de su sexo junto con sus virtudes domésticas, como entre las que las manchaban con sus vicios.&lt;br /&gt;Por la misma época, llegó a Londres un joven llamado Aubrey. Era huérfano, con una sola hermana que poseía una fortuna más que respetable, habiendo fallecido sus padres siendo él niño todavía.&lt;br /&gt;Abandonado a sí mismo por sus tutores, que pensaban que su deber sólo consistía en cuidar de su fortuna, en tanto descuidaban aspectos más importantes en manos de personas subalternas, Aubrey cultivó más su imaginación que su buen juicio. Por consiguiente, alimentaba los sentimientos románticos del honor y el candor, que diariamente arruinan a tantos jóvenes inocentes.&lt;br /&gt;Creía en la virtud y pensaba que el vicio lo consentía la Providencia sólo como un contraste de aquella, tal como se lee en las novelas. Pensaba que la desgracia de una casa consistía tan sólo en las vestimentas, que la mantenían cálida, aunque siempre quedaban mejor adaptadas a los ojos de un pintor gracias al desarreglo de sus pliegues y a los diversos manchones de pintura.&lt;br /&gt;Pensaba, en suma, que los sueños de los poetas eran las realidades de la existencia.&lt;br /&gt;Aubrey era guapo, sincero y rico. Por tales razones, tras su ingreso en los círculos alegres, le rodearon y atosigaron muchas mujeres, con hijastras casaderas, y muchas esposas en busca de pasatiempos extraconyugales. Las hijas y las esposas infieles pronto opinaron que era un joven de gran talento, gracias a sus brillantes ojos y a sus sensuales labios.&lt;br /&gt;Adherido al romance de su solitarias horas, Aubrey se sobresaltó al descubrir que, excepto en las llamas de las velas, que chisporroteaban no por la presencia de un duende sino por las corrientes de aire, en la vida real no existía la menor base para las necedades románticas de las novelas, de las que había extraído sus pretendidos conocimientos.&lt;br /&gt;Hallando, no obstante, cierta compensación a su vanidad satisfecha, estaba a punto de abandonar sus sueños, cuando el extraordinario ser antes mencionado y descrito se cruzó en su camino.&lt;br /&gt;Le escrutó con atención. Y la imposibilidad de formarse una idea del carácter de un hombre tan completamente absorto en sí mismo, de un hombre que presentaba tan pocos signos de la observación de los objetos externos a él - aparte del tácito reconocimiento de su existencia, implicado por la evitación de su contacto, dejando que su imaginación ideara todo aquello que halagaba su propensión a las ideas extravagantes -- pronto convirtió a semejante ser en el héroe de un romance. Y decidió observar a aquel retoño de su fantasía más que al personaje en sí mismo.&lt;br /&gt;Trabó amistad con él, fue atento con sus nociones, y llegó a hacerse notar por el misterioso caballero. Su presencia acabó por ser reconocida.&lt;br /&gt;Se enteró gradualmente de que Lord Ruthven tenía unos asuntos algo embrollados, y no tardó en averiguar, de acuerdo con las notas halladas en la calle, que estaba a punto de emprender un viaje.&lt;br /&gt;Deseando obtener más información con respecto a tan singular criatura, que hasta entonces sólo había excitado su curiosidad sin apenas satisfacerla, Aubrey les comunicó a sus tutores que había llegado el instante de realizar una excursión, que durante muchas generaciones se creía necesaria para que la juventud trepara rápidamente por las escaleras del vicio, igualándose con las personas maduras, con lo que no parecerían caídos del cielo cuando se mencionara ante ellos intrigas escandalosas, como temas de placer y alabanza, según el grado de perversión de las mismas.&lt;br /&gt;Los tutores accedieron a su petición, e inmediatamente Aubrey le contó sus intenciones a Lord Ruthven, sorprendiéndose agradablemente cuando éste le invitó a viajar en su compañía.&lt;br /&gt;Muy ufano de esta prueba de afecto, por parte de una persona que aparentemente no tenía nada en común con los demás mortales, aceptó encantado. Unos días más tarde, ya habían cruzado el Canal de la Mancha.&lt;br /&gt;Hasta entonces, Aubrey no había tenido oportunidad de estudiar a fondo el carácter de su compañero de viaje, y de pronto descubrió que, aunque gran parte de sus acciones eran plenamente visibles, los resultados ofrecían unas conclusiones muy diferentes, de acuerdo con los motivos de su comportamiento.&lt;br /&gt;Hasta entonces, Aubrey no había tenido oportunidad de estudiar a fondo el carácter de su compañero de viaje, y de pronto descubrió que, aunque gran parte de sus acciones eran plenamente visibles los resultados ofrecían conclusiones muy diferentes, de acuerdo con los motivos de su comportamiento.&lt;br /&gt;Su compañero era muy liberal: el vago, el ocioso y el pordiosero recibían de su mano más de lo necesario para aliviar sus necesidades más perentorias. Pero Aubrey observó asimismo que Lord Ruthven jamás aliviaba las desdichas de los virtuosos, reducidos a la indigencia por la mala suerte, a los cuales despedía sin contemplaciones y aun con burlas. Cuando alguien acudía a él no para remediar sus necesidades, sino para poder hundirse en la lujuria o en las más tremendas iniquidades, Lord Ruthven jamás negaba su ayuda.&lt;br /&gt;Sin embargo, Aubrey atribuía esta nota de su carácter a la mayor importunidad del vicio, que generalmente es mucho más insistente que el desdichado y el virtuoso indigente.&lt;br /&gt;En las obras de beneficencia del Lord había una circunstancia que quedó muy grabada en la mente del joven: todos aquellos a quienes ayudaba Lord Ruthven, inevitablemente veían caer una maldición sobre ellos, pues eran llevados al cadalso o se hundían en la miseria más abyecta.&lt;br /&gt;En Bruselas y otras ciudades por las que pasaron, Aubrey se asombró ante la aparente avidez con que su acompañante buscaba los centros de los mayores vicios. Solía entrar en los garitos de faro, donde apostaba, y siempre con fortuna, salvo cuando un canalla era su antagonista, siendo entonces cuando perdía más de lo que había ganado antes. Pero siempre conservaba la misma expresión pétrea, imperturbable, con la generalmente contemplaba a la sociedad que le rodeaba.&lt;br /&gt;No sucedía lo mismo cuando el noble se tropezaba con la novicia juvenil o con un padre infortunado de una familia numerosa. Entonces, su deseo parecía la ley de la fortuna, dejando de lado su abstracción, al tiempo que sus ojos brillaban con más fuego que los del gato cuando juega con el ratón ya moribundo.&lt;br /&gt;En todas las ciudades dejaba a la florida juventud asistente a los círculos por él frecuentados, echando maldiciones, en la soledad de una fortaleza del destino que la había arrastrado hacia él, al alcance de aquel mortal enemigo.&lt;br /&gt;Asimismo, muchos padres sentábanse coléricos en medio de sus hambrientos hijos, sin un solo penique de su anterior fortuna, sin lo necesario siquiera para satisfacer sus más acuciantes necesidades.&lt;br /&gt;Sin embargo, cuanto ganaba en las mesas de juego, lo perdía inmediatamente, tras haber esquilmado algunas grandes fortunas de personas inocentes.&lt;br /&gt;Este podía ser el resultado de cierto grado de conocimiento capaz de combatir la destreza de los más experimentados.&lt;br /&gt;Aubrey deseaba a menudo decirle todo esto a su amigo, suplicarle que abandonase esta caridad y estos placeres que causaban la ruina de todo el mundo, sin producirle a él beneficio alguno. Pero demoraba esta súplica, porque un día y otro esperaba que su amigo le diera una oportunidad de poder hablarle con franqueza y sinceridad. Cosa que nunca ocurrió.&lt;br /&gt;Lord Ruthven, en su carruaje, y en medio de la naturaleza más lujuriosa y salvaje, siempre era el mismo: sus ojos hablaban menos que sus labios. Y aunque Aubrey se hallaba tan cerca del objeto de su curiosidad, no obtenía mayor satisfacción de este hecho que la de la constante exaltación del vano deseo de desentrañar aquel misterio que a su excitada imaginación empezaba a asumir las proporciones de algo sobrenatural.&lt;br /&gt;No tardaron en llegar a Roma, y Aubrey perdió de vista a su compañero por algún tiempo, dejándole en la cotidiana compañía del círculo de amistades de una condesa italiana, en tanto él visitaba los monumentos de la ciudad casi desierta.&lt;br /&gt;Estando así ocupado, llegaron varias cartas de Inglaterra, que abría con impaciencia. La primera era de su hermana dándole las mayores seguridades de su cariño; las otras eran de sus tutores; y la última le dejó asombrado.&lt;br /&gt;Si antes había pasado por su imaginación que su compañero de viaje poseía algún malvado poder, aquella carta parecía reforzar tal creencia. Sus tutores insistían en que abandonase inmediatamente a su amigo, urgiéndole a ello en vista de la maldad de tal personaje, a causa de sus casi irresistibles poderes de seducción, que tornaban sumamente peligrosos sus hábitos para con la sociedad en general.&lt;br /&gt;Habían descubierto que su desdén hacia las adúlteras no tenía su origen en el odio a ellas, sino que había requerido, para aumentar su satisfacción personal, que las víctimas - los compañeros de la culpa - fuesen arrojadas desde el pináculo de la virtud inmaculada a los más hondos abismos de la infamia y la degradación. En resumen: que todas aquellas damas a las que había buscado, aparentemente por sus virtudes, habíanse quitado la máscara desde la partida de Lord Ruthven, y no sentían ya el menor escrúpulo en exponer toda la deformidad de sus vicios a la contemplación pública.&lt;br /&gt;Aubrey decidió al punto separarse de un personaje que todavía no le había mostrado ni un solo punto brillante en donde posar la mirada. Resolvió inventar un pretexto plausible para abandonarle, proponiéndose, mientras tanto, continuar vigilándole estrechamente y no dejar pasar la menor circunstancia acusatoria.&lt;br /&gt;De este modo, penetró en el mismo círculo de amistades que Lord Ruthven, y no tardó en darse cuenta de que su amigo estaba dedicado a ocuparse de la inexperiencia de la hija de la dama cuya mansión frecuentaba más a menudo. En Italia, es muy raro que una mujer soltera frecuente los círculos sociales, por lo que Lord Ruthven se veía obligado a llevar adelante sus planes en secreto. Pero la mirada de Aubrey le siguió en todas sus tortuosidades, y pronto averiguó que la pareja había concertado una cita que sin duda iba a causar la ruina de una chica inocente, poco reflexiva.&lt;br /&gt;Sin pérdida de tiempo, se presentó en el apartamento de su amigo, y bruscamente le preguntó cuáles eran sus intenciones con respecto a la joven, manifestándole al propio tiempo que estaba enterado de su cita para aquella misma noche.&lt;br /&gt;Lord Ruthven contestó que sus intenciones eran las que podían suponerse en semejante menester. Y al ser interrogado respecto a si pensaba casarse con la muchacha, se echó a reír.&lt;br /&gt;Aubrey se marchó, e inmediatamente redactó una nota alegando que desde aquel momento renunciaba a acompañar a Lord Ruthven durante el resto del viaje. Luego le pidió a su sirviente que buscase otro apartamento, y fue a visitar a la madre de la joven, a la que informó de cuanto sabía, no sólo respecto a su hija, sino también al carácter de Lord Ruthven.&lt;br /&gt;La cita quedó cancelada. Al día siguiente, Lord Ruthven se limitó a enviar a su criado con una comunicación en la que se avenía a una completa separación, mas sin insinuar que sus planes hubieran quedado arruinados por la intromisión de Aubrey.&lt;br /&gt;Tras salir de Roma, el joven dirigió sus pasos a Grecia, y tras cruzar la península, llegó a Atenas.&lt;br /&gt;Allí fijó su residencia en casa de un griego, no tardando en hallarse sumamente ocupado en buscar las pruebas de la antigua gloria en unos monumentos que, avergonzados al parecer de ser testigos mudos de las hazañas de los hombres que antes fueron libres para convertirse después en esclavos, se hallaban escondidos debajo del polvo o de intrincados líquenes.&lt;br /&gt;Bajo su mismo techo habitaba un ser tan delicado y bello que podía haber sido la modelo de un pintor que deseara llevar a la tela la esperanza prometida a los seguidores de Mahoma en el Paraíso, salvo que sus ojos eran demasiado pícaros y vivaces para pretender a un alma y no a un ser vivo.&lt;br /&gt;Cuando bailaba en el prado, o correteaba por el monte, parecía mucho más ágil y veloz que las gacelas, y también mucho más grácil. Era, en resumen, el verdadero sueño de un epicuro.&lt;br /&gt;El leve paso de Ianthe acompañaba a menudo a Aubrey en su búsqueda de antigüedad. Y a veces la incosciente joven se empeñaba en la persecución de una mariposa de Cachemira, mostrando la hermosura de sus formas al dejar flotar su túnica al viento, bajo la ávida mirada de Aubrey que así olvidaba las letras que acababa de descifrar en una tablilla medio borrada.&lt;br /&gt;A veces, sus trenzas relucían a los rayos del sol con un brillo sumamente delicado, cambiando rápidamente de matices, pudiendo ello haber sido la excusa del olvido del joven anticuario que dejaba huir de su mente el objeto que antes había creído de capital importancia para la debida interpretación de un pasaje de Pausanias.&lt;br /&gt;Pero, ¿por qué intentar describir unos encantos que todo el mundo veía, mas nadie podía apreciar?&lt;br /&gt;Era la inocencia, la juventud, la belleza, sin estar aún contaminadas por los atestados salones, por las salas de baile.&lt;br /&gt;Mientras el joven anotaba los recuerdos que deseaba conservar en su memoria para el futuro, la muchacha estaba a su alrededor, contemplando los mágicos efectos del lápiz que trazaba los paisajes de su solar patrio.&lt;br /&gt;Entonces, ella le describía las danzas en la pradera, pintándoselas con todos los colores de su juvenil paleta; las pompas matrimoniales entrevistas en su niñez; y, refiriéndose a los temas que evidentemente más la habían impresionado, hablaba de los cuentos sobrenaturales de su nodriza.&lt;br /&gt;Su afán y la creencia en lo que narraba, excitaron el interés de Aubrey. A menudo, cuando ella contaba el cuento del vampiro vivo, que había pasado muchos años entre amigos y sus más queridos parientes alimentándose con la sangre de las doncellas más hermosas para prolongar su existencia unos meses más, la suya se le helaba a Aubrey en las venas, mientras intentaba reírse de aquellas horribles fantasías.&lt;br /&gt;Sin embargo, Ianthe le citaba nombres de ancianos que, por lo menos, habían contado entre sus contemporáneos con un vampiro vivo, habiendo hallado a parientes cercanos y algunos niños marcados con la señal del apetito del monstruo. Cuando la joven veía que Aubrey se mostraba incrédulo ante tales relatos, le suplicaba que la creyese, puesto que la gente había observado que aquellos que se atrevían a negar la existencia del vampiro siempre obtenían alguna prueba que, con gran dolor y penosos castigos, les obligaba a reconocer su existencia.&lt;br /&gt;Ianthe le detalló la aparición tradicional de aquellos monstruos, y el horror de Aubrey aumentó al escuchar una descripción casi exacta de Lord Ruthven.&lt;br /&gt;Pese a ello, el joven, persistió en querer convencer a la joven griega de que sus temores no podían ser debidos a una cosa cierta, si bien al mismo tiempo repasaba en su memoria todas las coincidencias que le habían incitado a creer en los poderes sobrenaturales de Lord Ruthven.&lt;br /&gt;Aubrey cada día sentíase más ligado a Ianthe, ya que su inocencia, tan en contraste con las virtudes fingidas de las mujeres entre las que había buscado su idea de romance, había conquistado su corazón. Si bien le parecía ridícula la idea de que un muchacho inglés, de buena familia y mejor educación, se casara con una joven griega, carente casi de cultura, lo cierto era que cada vez amaba más a la doncella que le acompañaba constantemente.&lt;br /&gt;En algunas ocasiones se separaba de ella, decidido a no volver a su lado hasta haber conseguido sus objetivos. Pero siempre le resultaba imposible concentrarse en las ruinas que le rodeaban, teniendo constantemente en su mente la imagen de quien lo era todo para él.&lt;br /&gt;Ianthe no se daba cuenta el amor que por ella experimentaba Aubrey, mostrándose con él la misma chiquilla casi infantil de los primeros días. Siempre, no obstante, se despedía del joven con frecuencia, mas ello se debía tan sólo a no tener a nadie con quien visitar sus sitios favoritos, en tanto su acompañante se hallaba ocupado bosquejando o descubriendo algún fragmento que había escapado a la acción destructora del tiempo.&lt;br /&gt;La joven apeló a sus padres para dar fe de la existencia de los vampiros. Y todos, con algunos individuos presentes, afirmaron su existencia, pálidos de horror ante aquel solo nombre.&lt;br /&gt;Poco después, Aubrey decidió realizar una excursión, que le llevaría varias horas. Cuando los padres de Ianthe oyeron el nombre del lugar, le suplicaron que no regresase de noche, ya que necesariamente debería atravesar un bosque por el que ningún griego pasaba, una vez que había oscurecido, por ningún motivo.&lt;br /&gt;Le describieron dicho lugar como el paraje donde los vampiros celebraban sus orgías y bacanales nocturnas. Y le aseguraron que sobre el que se atrevía a cruzar por aquel sitio recaían los peores males.&lt;br /&gt;Aubrey no quiso hacer caso de tales advertencias, tratando de burlarse de aquellos temores. Pero cuando vio que todos se estremecían ante sus risas por aquel poder superior o infernal, cuyo solo nombre le helaba la sangre, acabó por callar y ponerse grave.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, Aubrey salió de excursión, según había proyectado. Le sorprendió observar la melancólica cara de su huésped, preocupado asimismo al comprender que sus burlas de aquellos poderes hubiesen inspirado tal terror.&lt;br /&gt;Cuando se hallaba a punto de partir, Ianthe se acercó al caballo que el joven montaba y le suplicó que regresase pronto, pues era por la noche cuando aquellos seres malvados entraban en acción. Aubrey se lo prometió.&lt;br /&gt;Sin embargo, estuvo tan ocupado en sus investigaciones que no se dio cuenta de que el día iba dando fin a su reinado y que en el horizonte aparecía una de aquellas manchas que en los países cálidos se convierten muy pronto en una masa de nubes tempestuosas, vertiendo todo su furor sobre el desdichado país.&lt;br /&gt;Finalmente, montó a caballo, decidido a recuperar su retraso. Pero ya era tarde. En los países del sur apenas existe el crepúsculo. El sol se pone inmediatamente y sobreviene la noche. Aubrey se había demorado con exceso. Tenía la tormenta encima, los truenos apenas se concedían un respiro entre sí, y el fuerte aguacero se abría paso por entre el espeso follaje, en tanto el relámpago azul parecía caer a sus pies.&lt;br /&gt;El caballo se asustó de repente, y emprendió un galope alocado por entre el espeso bosque. Por fin, agotado de cansanci, el animal se paró, y Aubrey descubrió a la luz de los relámpagos que estaba en la vecindad de una choza que apenas se destacaba por entre la hojarasca y la maleza que le rodeaba.&lt;br /&gt;Desmontó y se aproximó, cojeando, con el fin de encontrar a alguien que pudiera llevarle a la ciudad, o al menos obtener asilo contra la furiosa tormenta.&lt;br /&gt;Cuando se acercaba a la cabaña, los truenos, que habían callado un instante, le permitieron oír unos gritos femeninos, gritos mezclados con risotadas de burla, todo como en un solo sonido. Aubrey quedó turbado. Mas, soliviantado por el trueno que retumbó en aquel momento, con un súbito esfuerzo empujó la puerta de la choza.&lt;br /&gt;No vio más que densas tinieblas, pero el sonido le guió. Aparentemente, nadie se había dado cuenta de su presencia, pues aunque llamó, los mismos sonidos continuaron, sin que nadie reparase al parecer en él.&lt;br /&gt;No tardó en tropezar con alguien, a quien apresó inmediatamente. De pronto, una voz volvió a gritar de manera ahogada, y al grito sucedió una carcajada. Aubrey hallóse al momento asido por una fuerza sobrehumana. Decidido a vender cara su vida, luchó mas en vano. Fue levantado del suelo y arrojado de nuevo al mismo con una potencia enorme. Luego, su enemigo se le echó encima y, arrodillado sobre su pecho, le rodeó la garganta con las manos. De repente, el resplandor de varias antorchas entrevistas por el agujero que hacía las veces de ventana, vino en su ayuda. Al momento, su rival se puso de pie y, separándose del joven, corrió hacia la puerta. Muy poco después, el crujido de las ramas caídas al ser pisoteadas por el fugitivo también dejó de oírse.&lt;br /&gt;La tormenta había cesado, y Aubrey, incapaz de moverse, gritó, siendo oído poco después por los portadores de antorchas.&lt;br /&gt;Entraron a la cabaña, y el resplandor de la resina quemada cayó sobre los muros de barro y el techo de bálago, totalmente lleno de mugre.&lt;br /&gt;A instancias del joven, los recién llegados buscaron a la mujer que le había atraído con sus chillidos. Volvió, por tanto, a quedarse en tinieblas. Cual fue su horror cuando de nuevo quedó iluminado por la luz de las antorchas, pudiendo percibir la forma etérea de su amada convertida en un cadáver.&lt;br /&gt;Cerró los ojos, esperando que sólo se tratase de un producto espantoso de su imaginación. Pero volvió a ver la misma forma al abrirlos, tendida a su lado.&lt;br /&gt;No había el menor color en sus mejillas, ni siquiera en sus labios, y en su semblante se veía una inmovilidad que resultaba casi tan atrayente como la vida que antes lo animara. En el cuello y en el pecho había sangre, en la garganta las señales de los colmillos que se habían hincado en las venas.&lt;br /&gt;- ¡Un vampiro! ¡Un vampiro! - gritaron los componentes de la partida ante aquel espectáculo.&lt;br /&gt;Rápidamente construyeron unas parihuelas, y Aubrey echó a andar al lado de la que había sido el objeto de tan brillantes visiones, ahora muerta en la flor de su vida.&lt;br /&gt;Aubrey no podía ni siquiera pensar, pues tenía el cerebro ofuscado, pareciendo querer refugiarse en el vacío. Sin casi darse cuenta, empuñaba en su mano una daga de forma especial, que habían encontrado en la choza. La partida no tardó en reunirse con más hombres, enviados a la búsqueda de la joven por su afligida madre. Los gritos de los exploradores al aproximarse a la ciudad, advirtieron a los padres de la doncella que había sucedido una horrorosa catástrofe. Sería imposible describir su dolor. Cuando comprobaron la causa de la muerte de su hija, miraron a Aubrey y señalaron el cadáver. Estaban inconsolables, y ambos murieron de pesar.&lt;br /&gt;Aubrey, ya en la cama, padeció una violentísima fiebre, con mezcolanza de delirios. En estos intervalos llamaba a Lord Ruthven y a Ianthe, mediante cierta combinación que le parecía una súplica a su antiguo compañero de viaje para que perdonase la vida de la doncella.&lt;br /&gt;Otras veces lanzaba imprecaciones contra Lord Ruthven, maldiciéndole como asesino de la joven griega.&lt;br /&gt;Por casualidad, Lord Ruthven llegó por aquel entonces a Atenas. Cuando se enteró del estado de su amigo, se presentó inmediatamente en su casa y se convirtió en su enfermero particular.&lt;br /&gt;Cuando Aubrey se recobró de la fiebre y los delirios, quedóse horrorizado, petrificado, ante la imagen de aquel a quien ahora consideraba un vampiro. Lord Ruthven - con sus amables palabras, que implicaban casi cierto arrepentimiento por la causa que había motivado su separación - y la ansiedad, las atenciones y los cuidados prodigados a Aubrey, hicieron que éste pronto se reconciliase con su presencia.&lt;br /&gt;Lord Ruthven parecía cambiado, no siendo ya el ser apático de antes, que tanto había asobrado a Aubrey. Pero tan pronto terminó la convalescencia del joven, su compañero volvió a ofrecer la misma condición de antes, y Aubrey ya no distinguió la menor diferencia, salvo que a veces veía la mirada de Lord Ruthven fija en él, al tiempo que una sonrisa maliciosa flotaba en sus labios. Sin saber por qué, aquella sonrisa le molestaba.&lt;br /&gt;Durante la última fase de su recuperación, Lord Ruthven pareció absorto en la contemplación de las olas que levantaba en el mar la brisa marina, o en señalar el progreso de los astros que, como el nuestro, dan vueltas en torno al Sol. Y más que nada, parecía evitar todas las miradas ajenas.&lt;br /&gt;Aubrey, a causa de la desgracia sufrida, tenía su cerebro bastante debilitado, y la elasticidad de espíritu que antes era su característica más acusada parecía haberle abandonado para siempre.&lt;br /&gt;No era tan amable del silencio y la soledad como Lord Ruthven, pero deseaba estar solo, cosa que no podía conseguir en Atenas. Si se dedicaba a explorar las ruinas de la antigüedad, el recuerdo de Ianthe a su lado le atosigaba de continuo. Si recorría los bosques, el paso ligero de la joven parecía corretear a su lado, en busca de la modesta violeta. De repente, esta visión se esfumaba, y en su lugar veía el rostro pálido y la garganta herida de la joven, con una tímida sonrisa en sus labios.&lt;br /&gt;Decidió rehuir tales visiones, que en su mente creaban una serie de amargas asociaciones. De este modo, le propuso a Lord Ruthven, a quien sentíase unido por los cuidados que aquel le había prodigado durante su enfermedad, que visitasen aquellos rincones de Grecia que aún no habían visto.&lt;br /&gt;Los dos recorrieron la península en todas las direcciones, buscando cada rincón que pudiera estar unido a un recuerdo. Pero aunque lo exploraron todo, nada vieron que llamase realmente su interés.&lt;br /&gt;Oían hablar mucho de diversas bandas de ladrones, mas gradualmente fueron olvidándose de ellas atribuyéndolas a la imaginación popular, o a la invención de algunos individuos cuyo interés consistía en excitar la generosidad de aquellos a quienes fingían proteger de tales peligros.&lt;br /&gt;En consecuencia, sin hacer caso de tales advertencias, en cierta ocasión viajaban con muy poca escolta, cuyos componentes más debían servirles de guía que de protección. Al penetrar en un estrecho desfiladero, en el fondo del cual se hallaba el lecho de un torrente, lleno de grandes masas rocosas desprendidas de los altos acantilados que lo flanqueaban, tuvieron motivos para arrepentirse de su negligencia. Apenas se habían adentrado por paso tan angosto cuando se vieron sorprendidos por el silbido de las balas que pasaban muy cerca de sus cabezas, y las detonaciones de varias armas.&lt;br /&gt;Al instante siguiente, la escolta les había abandonado, y resguardándose detrás de las rocas, empezaron todos a disparar contra sus atacantes.&lt;br /&gt;Lord Ruthven y Aubrey, imitando su ejemplo, se retiraron momentáneamente al amparo de un recodo del desfiladero. Avergonzados por asustarse tanto ante un vulgar enemigo, que con gritos insultantes les conminaban a seguir avanzando, y estando expuestos al mismo tiempo a una matanza segura si alguno de los ladrones se situaba más arriba de su posición y les atacaba por la espalda, determinaron precipitarse al frente, en busca del enemigo...&lt;br /&gt;Apenas abandonaron el refugio rocoso, Lord Ruthven recibió en el hombro el impacto de una bala que le envió rodando al suelo. Aubrey corrió en su ayuda, sin hacer caso del peligro a que se exponía, mas no tardó en verse rodeado por los malhechores, al tiempo que los componentes de la escolta, al ver herido a Lord Ruthven, levantaron inmediatamente las manos en señal de rendición.&lt;br /&gt;Mediante la promesa de grandes recompensas, Aubrey logró convencer a sus atacantes para que trasladasen a su herido amigo a una cabaña situada no lejos de allí. Tras hacer concertado el rescate a pagar, los ladrones no le molestaron, contentándose con vigilar la entrada de la cabaña hasta el regreso de uno de ellos, que debía percibir la suma prometida gracias a una orden firmada por el joven.&lt;br /&gt;Las energías de Lord Ruthven disminuyeron rápidamente. Dos días más tarde, la muerte pareció ya inminente. Su comportamiento y su aspecto no había cambiado, pareciendo tan incosciente al dolor como a cuanto le rodeaba. Hacia el fin del tercer día, su mente pareció extraviarse, y su mirada se fijó insistentemente en Aubrey, el cual sintióse impulsado a ofrecerle más que nunca su ayuda.&lt;br /&gt;- Sí, tú puedes salvarme... Puedes hacer aún mucho más... No me refiero a mi vida, pues temo tan poco a la muerte como al término del día. Pero puedes salvar mi honor. Sí, puedes salvar el honor de tu amigo.&lt;br /&gt;- Decidme cómo - asintió Aubrey -, y lo haré.&lt;br /&gt;- Es muy sencillo. Yo necesito muy poco... Mi vida necesita espacio... Oh, no puedo explicarlo todo... Mas si callas cuanto sabes de mí, mi honor se verá libre de las murmuraciones del mundo, y si mi muerte es por algún tiempo desconocida en Inglaterra... yo... yo... ah, viviré.&lt;br /&gt;- Nadie lo sabrá.&lt;br /&gt;- ¡Júralo! - exigió el moribundo, incorporándose con gran violencia -. ¡Júralo por las almas de tus antepasados, por todos los temores de la naturaleza, jura que durante un año y un día no le contarás a nadie mis crímenes ni mi muerte, pase lo que pase, veas lo que veas!&lt;br /&gt;Sus ojos parecían querer salir de sus órbitas.&lt;br /&gt;- ¡Lo juro! - exclamó Aubrey.&lt;br /&gt;Lord Ruthven de dejó caer sobre la almohada, lanzando una carcajada, y expiró.&lt;br /&gt;Aubrey retiróse a descansar, mas no durmió pues su cerebro daba vueltas y más vueltas sobre los detalles de su amistad con tan extraño ser, y sin saber por qué, cuando recordaba el juramento prestado sentíase invadido por un frío extraño, con el presentimiento de una desgracia inminente.&lt;br /&gt;Levantóse muy temprano al día siguiente, e iba ya a entrar en la cabaña donde había dejado el cadáver, cuando uno de los ladrones le comunicó que ya no estaba allí, puesto que él y sus camaradas lo habían transportado a la cima de la montaña, según la promesa hecha al difunto de que lo dejarían expuesto al primer rayo de luna después de su muerte.&lt;br /&gt;Aubrey quedóse atónito ante aquella noticia. Junto con varios individuos, decidió ir adonde habían dejado a Lord Ruthven, para enterrarlo debidamente. Pero una vez en la cumbre de la montaña, no halló ni rastro del cadáver ni de sus ropas, aunque los ladrones juraron que era aquel el lugar en que dejaron al muerto.&lt;br /&gt;Durante algún tiempo su mente perdióse en conjeturas, hasta que decidió descender de nuevo, convencido de que los ladrones habían enterrado el cadáver tras despojarlo de sus vestiduras.&lt;br /&gt;Harto de un país en el que sólo había padecido tremendos horrores, y en el que todo conspiraba para fortalecer aquella superstición melancólica que se había adueñado de su mente, resolvió abandonarlo, no tardando en llegar a Esmirna.&lt;br /&gt;Mientras esperaba un barco que le condujera a Otranto o a Nápoles, estuvo ocupado en disponer los efectos que tenía consigo y que habían pertenecido a Lord Ruthven. Entre otras cosas halló un estuche que contenía varias armas, más o menos adecuada para asegurar la muerte de una víctima. Dentro se hallaban varias dagas y yataganes.&lt;br /&gt;Mientras los examinaba, asombrado ante sus curiosas formas, grande fue su sorpresa al encontrar una vaina ornamentada en el mismo estilo que la daga hallada en la choza fatal. Aubrey se estremeció, y deseando obtener nuevas pruebas, buscó la daga. Su horror llegó a su culminación cuando verificó que la hoja se adaptaba a la vaina, pese a su peculiar forma.&lt;br /&gt;No necesitaba ya más pruebas, aunque sus ojos parecían como pegados a la daga, pese a lo cuál todavía se resistía a creerlo. Sin embargo, aquella forma especial, los mismos esplendorosos adornos del mango y la vaina, no dejaban el menor resquicio a la duda. Además, ambos objetos mostraban gotas de sangre.&lt;br /&gt;Partió de Esmirna y, ya en Roma, sus primeras investigaciones se refirieron a la joven que él había intentado arrancar a las artes seductoras de Lord Ruthven. Sus padres se hallaban desconsolados, totalmente arruinados, y a la joven no se la había vuelto a ver desde la salida de la capital de Lord Ruthven.&lt;br /&gt;El cerebro de Aubrey estuvo a punto de desquiciarse ante tal cúmulo de horrores, temiendo que la joven también hubiese sido víctima del mismo asesino de Ianthe. Aubrey tornóse más callado y retraído y su sola ocupación consistió ya en apresurar a sus postillones, como si tuviese necesidad de salvar a un ser muy querido.&lt;br /&gt;Llegó a Calais, y una brisa que parecía obediente a sus deseos no tardó en dejarle en las costas de Inglaterra. Corrió a la mansión de sus padres y allí, por un momento, pareció perder, gracias a los besos y abrazos de su hermana, todo recuerdo del pasado. Si antes, con sus infantiles caricias, ya había conquistado el afecto de su hermano, ahora que empezaba a ser mujer todavía la quería más.&lt;br /&gt;La señorita Aubrey no poseía la alada gracia que atrae las miradas y el aplauso de las reuniones y fiestas. No había en ella el ingenio ligero que sólo existe en los salones. Sus ojos azules jamás se iluminaban con ironías o sarcasmos. En toda su persona había como un halo de encanto melancólico que no se debía a ninguna desdicha sino a un sentimiento interior, que parecía indicar un alma consciente de un reino más brillante.&lt;br /&gt;No tenía el paso leve, que atrae como el vuelo grácil de la mariposa, como un color grato a la vista. Su paso era sosegado y pensativo. Cuando estaba sola, su semblante jamás se alegraba con una sonrisa de júbilo. Pero al sentir el afecto de su hermano, y olvidar en su presencia los pesares que le impedían el descanso, ¿quién no habría cambiado una sonrisa por tanta dicha?&lt;br /&gt;Era como si los ojos de la joven, su rostro entero, jugasen a la luz de su esfera propia. Sin embargo, la muchacha sólo contaba dieciocho años, por lo que no había sido presentada en sociedad, habiendo juzgado sus tutores que debían demorarse tal acto hasta que su hermano regresara del continente, momento en que se constituiría en su protector.&lt;br /&gt;Por tanto, resolvieron que darían una fiesta con el fin de que ella apareciese "en escena". Aubrey habría preferido estar apartado de todo bullicio, alimentándose con la melancolía que le abrumaba. No experimentaba el menor interés por las frivolidades de personas desconocidas, aunque se mostró dispuesto a sacrificar su comodidad para proteger a su hermana.&lt;br /&gt;De esta manera, no tardaron en llegar a su casa de la capital, a fin de disponerlo todo para el día siguiente, elegido para la fiesta.&lt;br /&gt;La multitud era excesiva. Una fiesta no vista en mucho tiempo, donde todo el mundo estaba ansioso de dejarse ver.&lt;br /&gt;Aubrey apareció con su hermana. Luego, estando solo en un rincón, mirando a su alrededor con muy poco interés, pensando abstraídamente que la primera vez que había visto a Lord Ruthven había sido en aquel mismo salón había sido en aquel mismo salón, sintióse de pronto cogido por el brazo, al tiempo que en sus oídos resonaba una voz que recordaba demasiado bien.&lt;br /&gt;- Acuérdate del juramento.&lt;br /&gt;Aubrey apenas tuvo valor para volverse, temiendo ver a un espectro que le podría destruir; y distinguió no lejos a la misma figura que había atraído su atención cuando, a su vez, él había entrado por primera vez en sociedad.&lt;br /&gt;Contempló a aquella figura fijamente, hasta que sus piernas casi se negaron a sostener el peso de su cuerpo. Luego, asiendo a un amigo del brazo, subió a su carruaje y le ordenó al cochero que le llevase a su casa de campo.&lt;br /&gt;Una vez allí, empezó a pasearse agitadamente, con la cabeza entre las manos, como temiendo que sus pensamientos le estallaran en el cerebro.&lt;br /&gt;Lord Ruthven había vuelto a presentarse ante él... Y todos los detalles se encadenaron súbitamente ante sus ojos; la daga..., la vaina..., la víctima..., su juramento.&lt;br /&gt;¡No era posible, se dijo muy excitado, no era posible que un muerto resucitara!&lt;br /&gt;Era imposible que fuese un ser real. Por eso, decidió frecuentar de nuevo la sociedad. Necesitaba aclarar sus dudas. Pero cuando, noche tras noche, recorrió diversos salones, siempre con el nombre de Lord Ruthven en sus labios, nada consiguió.&lt;br /&gt;Una semana más tarde, acudió con su hermana a una fiesta en la mansión de unas nuevas amistades. Dejándola bajo la protección de la anfitriona, Aubrey retiróse a un rincón y allí dio rienda suelta a sus pensamientos.&lt;br /&gt;Cuando al fin vio que los invitados empezaban a marcharse, penetró en el salón y halló a su hermana rodeada de varios caballeros, al parecer conversando animadamente. El joven intentó abrirse paso para acudir junto a su hermana, cuando uno de los presentes, al volverse, le ofreció aquellas facciones que tanto aborrecía.&lt;br /&gt;Aubrey dio un tremendo salto, tomó a su hermana del brazo y apresuradamente la arrastró hacia la calle. En la puerta encontró impedido el paso por la multitud de criados que aguardaban a sus respectivos amos. Mientras trataba de superar aquella barrera humana, volvió a su oído la conocida y fatídica voz:&lt;br /&gt;- ¡Acuérdate del juramento!&lt;br /&gt;No se atrevió a girar y, siempre arrastrando a su hermana, no tardó en llegar a casa.&lt;br /&gt;Aubrey empezó a dar señales de desequilibrio mental. Si antes su cerebro había estado sólo ocupado con un tema, ahora se hallaba totalmente absorto en él, teniendo ya la certidumbre de que el monstruo continuaba viviendo.&lt;br /&gt;No paraba ya mientes en su hermana, y fue inútil que ésta tratara de arrancarle la verdad de tan extraña conducta. Aubrey limitábase a proferir palabras casi incoherentes, que aún aterraban más a la muchacha.&lt;br /&gt;Cuando Aubrey más meditaba en ello, más transtornado estaba. Su juramento le abrumaba. ¿Debía permitir, pues, que aquel monstruo rondase por el mundo, en medio de tantos seres queridos, sin delatar sus intenciones? Su misma hermana había hablado con él. Pero, aunque quebrantase su juramento y revelase las verdaderas intenciones de Lord Ruthven, ¿quién le iba a creer? Pensó en servirse de su propia mano para desembarazar al mundo de tan cruel enemigo. Recordó, sin embargo, que la muerte no afectaba al monstruo. Durante días permaneció en tal estado, encerrado en su habitación, sin ver a nadie, comiendo sólo cuando su hermana le apremiaba a ello, con lágrimas en los ojos.&lt;br /&gt;Al fin, no pudiendo soportar por más tiempo el silencio y la soledad salió de la casa para rondar de calle en calle, ansioso de descubrir la imagen de quien tanto le acosaba. Su aspecto distaba mucho de ser atildado, exponiendo sus ropas tanto al feroz sol de mediodía como a la humedad de la noche. Al fin, nadie pudo ya reconocer en él al antiguo Aubrey. Y si al principio regresaba todas las noches a su casa, pronto empezó a descansar allí donde la fatiga le vencía.&lt;br /&gt;Su hermana, angustiada por su salud, empleó a algunas personas para que le siguiesen, pero el joven supo distanciarlas, puesto que huía de un perseguidor más veloz que aquellas: su propio pensamiento.&lt;br /&gt;Su conducta, no obstante, cambió de pronto. Sobresaltado ante la idea de que estaba abandonando a sus amigos, con un feroz enemigo entre ellos de cuya presencia no tenían el menor conocimiento, decidió entrar de nuevo en sociedad y vigilarle estrechamente, ansiando advertir, a pesar de su juramento, a todos aquellos a quienes Lord Ruthven demostrase cierta amistad.&lt;br /&gt;Mas al entrar en un salón, su aspecto miserable, su barba de varios días, resultaron tan sorprendentes, sus estremecimientos interiores tan visibles, que su hermana vióse al fin obligada a suplicarle que se abstuviese en bien de ambos a una sociedad que le afectaba de manera tan extraña.&lt;br /&gt;Cuando esta súplica resultó vana, los tutores creyeron su deber interponerse y, temiendo que el joven tuviera transtornado el cerebro, pensaron que había llegado el momento de recobrar ante él la autoridad delegada por sus difuntos padres.&lt;br /&gt;Deseoso de precaverle de las heridas mentales y de los sufrimientos físicos que padecía a diario en sus vagabundeos, e impedir que se expusiera a los ojos de sus amistades con las inequívocas señales de su trastorno, acudieron a un médico para que residiera en la mansión y cuidase de Aubrey.&lt;br /&gt;Este apenas pareció darse cuenta de ello: tan completamente absorta estaba su mente en el otro asunto. Su incoherencia acabó por ser tan grande, que se vio confinado en su dormitorio. Allí pasaba los días tendido en la cama, incapaz de levantarse.&lt;br /&gt;Su rostro se tornó demacrado y sus pupilas adquirieron un brillo vidrioso; sólo mostraba cierto reconocimiento y afecto cuando entraba su hermana a visitarle. A veces se sobresaltaba, y tomándole las manos, con unas miradas que afligían intensamente a la joven, deseaba que el monstruo no la hubiese tocado ni rozado siquiera.&lt;br /&gt;- ¡Oh, hermana querida, no le toques! ¡Si de veras me quieres, no te acerques a él!&lt;br /&gt;Sin embargo, cuando ella le preguntaba a quién se refería, Aubrey se limitaba a murmurar:&lt;br /&gt;- ¡Es verdad, es verdad!&lt;br /&gt;Y de nuevo se hundía en su abatimiento anterior, del que su hermana no lograba ya arrancarle.&lt;br /&gt;Esto duró muchos meses. Pero, gradualmente, en el transcurso de aquel año, sus incoherencias fueron menos frecuentes, y su cerebro se aclaró bastante, al tiempo que sus tutores observaban que varias veces diarias contaba con los dedos cierto número, y luego sonreía.&lt;br /&gt;Al llegar el último día del año, uno de los tutores entró en el dormitorio y empezó a conversar con el médico respecto a la melancolía del muchacho, precisamente cuando al día siguiente debía casarse su hermana.&lt;br /&gt;Instantáneamente, Aubrey mostróse alerta, y preguntó angustiosamente con quién iba a contraer matrimonio. Encantados de aquella demostración de cordura, de la que le creían privado, mencionaron el nombre del Conde de Marsden.&lt;br /&gt;Creyendo que se trataba del joven conde al que él había conocido en sociedad, Aubrey pareció complacido, y aún asombró más a sus oyentes al expresar su intención de asistir a la boda, y su deseo de ver cuanto antes a su hermana.&lt;br /&gt;Aunque ellos se negaron a este anhelo, su hermana no tardó en hallarse a su lado. Aubrey, al parecer, no fue capaz de verse afectado por el influjo de la encantadora sonrisa de la muchacha, puesto que la abrazó, la besó en las mejillas, bañadas en lágrimas por la propia joven al pensar que su hermano volvía a estar en el mundo de los cuerdos.&lt;br /&gt;Aubrey empezó a expresar su cálido afecto y a felicitarla por casarse con una persona tan distinguida, cuando de repente se fijó en un medallón que ella lucía sobre el pecho. Al abrirlo, cuál no sería su inmenso estupor al descubrir las facciones del monstruo que tanto y tan funestamente había influido en su existencia.&lt;br /&gt;En un paroxismo de furor, tomó el medallón y, arrojándolo al suelo, lo pisoteó. Cuando ella le preguntó por qué había destruído el retrato de su futuro esposo, Aubrey la miró como sin comprender. Después, asiéndola de las manos, y mirándola con una frenética expresión de espanto, quiso obligarla a jurar que jamás se casaría con semejante monstruo, ya que él...&lt;br /&gt;No pudo continuar. Era como si su propia voz le recordase el juramento prestado, y al girarse en redondo, pensando que Lord Ruthven se hallaba detrás suyo, no vio a nadie.&lt;br /&gt;Mientras tanto, los tutores y el médico, que todo lo habían oído, pensando que la locura había vuelto a apoderarse de aquel pobre cerebro, entraron y le obligaron a separarse de su hermana.&lt;br /&gt;Aubrey cayó de rodillas ante ellos, suplicándoles que demorasen la boda un solo día. Mas ellos, atribuyendo tal petición a la locura que se imaginaban devoraba su mente, intentaron calmarle y le dejaron solo.&lt;br /&gt;Lord Ruthven visitó la mansión a la mañana siguiente de la fiesta, y le fue negada la entrada como a todo el mundo. Cuando se enteró de la enfermedad de Aubrey, comprendió que era él la causa inmediata de la misma. Cuando se enteró de que el joven estaba loco, apenas si consiguió ocultar su júbilo ante aquellos que le ofrecieron esta información.&lt;br /&gt;Corrió a casa de su antiguo compañero de viaje, y con sus constantes cuidados y fingimiento del gran interés que sentía por su hermano y por su triste destino, gradualmente fue conquistando el corazón de la señorita Aubrey.&lt;br /&gt;¿Quien podía resistirse a aquel poder? Lord Ruthven hablaba de los peligros que le habían rodeado siempre, del escaso cariño que había hallado en el mundo, excepto por parte de la joven con la que conversaba. ¡Ah, desde que la conocía, su existencia había empezado a parecer digna de algún valor, aunque sólo fuese por la atención que ella le prestaba! En fin, supo utilizar con tanto arte sus astutas mañas, o tal fue la voluntad del Destino, que Lord Ruthven conquistó el amor de la hermana de Aubrey.&lt;br /&gt;Gracias al título de una rama de su familia, obtuvo una embajada importante, que le sirvió de excusa para apresurar la boda (pese al trastorno mental del hermano), de modo que la misma tendría lugar al día siguiente, antes de su partida para el continente.&lt;br /&gt;Aubrey, una vez lejos del médico y el tutor, trató de sobornar a los criados, pero en vano. Pidió pluma y papel, que le entregaron, y escribió una carta a su hermana, conjurándola - si en algo apreciaba su felicidad, su honor y el de quienes yacían en sus tumbas, que antaño la habían tenido en brazos como su esperanza y la esperanza del buen nombre familiar - a posponer sólo por unas horas aquel matrimonio, sobre el que vertía sus más terribles maldiciones.&lt;br /&gt;Los criados prometieron entregar la misiva, mas como se la dieron al médico, éste prefirió no alterar a la señorita Aubrey con lo que, consideraba, era solamente la manía de un demente.&lt;br /&gt;Transcurrió la noche sin descanso para ninguno de los ocupantes de la casa. Y Aubrey percibió con horror los rumores de los preparativos para el casamiento.&lt;br /&gt;Vino la mañana, y a sus oídos llegó el ruido de los carruajes al ponerse en marcha. Aubrey se puso frenético. La curiosidad de los sirvientes superó, al fin, a su vigilancia. Y gradualmente se alejaron para ver partir a la novia, dejando a Aubrey al cuidado de una indefensa anciana.&lt;br /&gt;Aubrey se aprovechó de aquella oportunidad. Saltó fuera de la habitación y no tardó en presentarse en el salón donde todo el mundo se hallaba reunido, dispuesto para la marcha. Lord Ruthven fue el primero en divisarle, e inmediatamente se le acercó, asiéndolo del brazo con inusitada fuerza para sacarle de la estancia, trémulo de rabia.&lt;br /&gt;Una vez en la escalinata, le susurró al oído:&lt;br /&gt;- Acuérdate del juramento y sabe que si hoy no es mi esposa, tu hermana quedará deshonrada. ¡Las mujeres son tan frágiles...!&lt;br /&gt;Así deciendo, le empujó hacia los criados, quienes, alertados ya por la anciana, le estaban buscando. Aubrey no pudo soportarlo más: al no hallar salida a su furor, se le rompió un vaso sanguíneo y tuvo que ser trasladado rápidamente a su cama.&lt;br /&gt;Tal suceso no le fue mencionado a la hermana, que no estaba presente cuando aconteció , pues el médico temía causarle cualquier agitación.&lt;br /&gt;La boda se celebró con toda solemnidad, y el novio y la novia abandonaron Londres.&lt;br /&gt;La debilidad de Aubrey fue en aumento, y la hemorragia de sangre produjo los síntomas de la muerte próxima. Deseaba que llamaran a los tutores de su hermana, y cuando éstos estuvieron presentes y sonaron las doce campanadas de la medianoche, instantes en que se cumplía el plazo impuesto a su silencio, relató apresuradamente cuanto había vivido y sufrido... y falleció inmediatamente después.&lt;br /&gt;Los tutores se apresuraron a proteger a la hermana de Aubrey, mas cuando llegaron ya era tarde. Lord Ruthven había desaparecido, y la joven había saciado la sed de sangre de un vampiro. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8531287179866804568-779956557761333350?l=vampirosca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://vampirosca.blogspot.com/feeds/779956557761333350/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8531287179866804568&amp;postID=779956557761333350' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/779956557761333350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8531287179866804568/posts/default/779956557761333350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://vampirosca.blogspot.com/2008/11/blog-post.html' title='EL VAMPIRO -1816- Por John Polidori'/><author><name>Valmore Munoz Arteaga</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_MhTId3NhzHk/S9mXIm_70mI/AAAAAAAABBI/tEztM4KucgU/S220/Valmore+Mu%C3%B1oz+Arteaga.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
